De Todo Un Poco

domingo, 20 de octubre de 2019

7 frases para superar la tristeza cotidiana


Las frases para superar la tristeza nos recuerdan que, aunque haya días grises en nuestro calendario, es obligatorio sacar el alma del fondo del bolsillo y hacerla volar de nuevo. Al fin y al cabo, cuando uno toca fondo es cuando no le queda más opción que tomar impulso, que renovarse a partir de sus cenizas, para hacer de sus tristezas semillas de valioso aprendizaje
Somos conscientes de que no es fácil. A menudo no falta quien busca animarnos con las clásicas expresiones de motivación y superación personal, las mismas que tantas veces compartimos en nuestras redes sociales para ofrecernos apoyo entre nosotros. Sabemos que una frase, por sí sola, no cura ni nos alumbra el camino de salida a nuestros túneles personales de frustración o de sufrimiento.
Sin embargo, sí que logran algo valioso: nos obligan a reflexionar. En esa compleja artesanía que es sin duda entender y desenredar el nudo de nuestras emociones y problemas, tanto los libros como esos legados de pequeña sabiduría contenida en las frases de autores relevantes, son ventanas que nos ayudan a despertar. Son también puentes con los que descubrir que hay otros caminos que podemos transitar reparar muchos de nuestros problemas más comunes.

Por ello, podríamos decir sin equivocarnos que las frases para superar la tristeza del día a día son útiles, son prácticas y vale la pena tenerlas siempre a mano o, por qué no, bien cerca del corazón.

Frases para superar la tristeza cotidiana

Pensemos por un momento que nuestra mente es como un jardín. Una amplia extensión de tierra que en estos momentos está algo yerma y habitada por malas hierbas, especies invasoras que quitan la belleza a nuestra propiedad. Esas malas hierbas son los pensamientos negativos, ellos los que se están extendiendo con brío en nuestro jardín, en nuestra mente.
Para tener un jardín sano y lleno de florida vegetación, debemos ser capaces de arrancar primero esas malas hierbas (los pensamientos negativos, obsesivos y rumiantes, etc.) y después, nutrir bien la tierra, darle agua, fertilizantes y semillas que harán crecer de nuevo hermosas flores.
Esas semillas que plantaremos pueden ser sin duda muchas de estas frases. Citas, declaraciones y consejos que sembrar en nuestra mente para permitirnos reflexionar, generar cambios, para abrir puertas donde antes veíamos muros… Cojámoslas como regalos de sabiduría que son y hagamos un buen uso de ellas.

1. Muévete, genera cambios

«Tus emociones no deben ser paralizadoras. No deberían defenderse. No deberían impedirte ser todo lo que puedes ser»
-Wayne Dyer-
En nuestro espacio ya hemos hablado del legado psicológico y espiritual de Wayne Dyer. Gracias a él millones de personas pudieron hacer suyas valiosas estrategias de crecimiento personal donde entender, por ejemplo, muchas de sus actitudes limitantes, esas zonas erróneas que gestionamos mal y que nos impiden avanzar.
Cuando surgen momentos así, los habitados por la tristeza o el desánimo, no podemos ni debemos quedarnos paralizados. No hay que «luchar» ante nuestros miedos o ante nuestros problemas, hay que entenderlos, desmenuzarlos, hacerlos pequeños para después aprender de ellos y avanzar.

2. Que nada ni nadie empañe tu día, aprovéchalo

«Grabad esto en vuestro corazón, cada día es el mejor del año»
Ralph Waldo Emerson fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense del siglo XIX. Sus trabajos y su visión del ser humano contribuyó al desarrollo de lo que hoy conocemos como «nuevo pensamiento». Así, cabe decir que en su legado intelectual abundan sin duda muchas de estas frases para superar la tristeza cotidiana.
Una de sus enseñanzas, es simple, es útil y rotunda: ¿por qué debemos desperdiciar lo que cada día puede ofrecernos? El aquí y ahora no volverá a repetirse. Así que recordémoslo, nada ni nadie tiene derecho a apagar nuestra oportunidad de ser felicesQuitemos poder a esas nubes oscuras que rondan en nuestra mente y aprovechemos nuestros días.

3. Que no te contagien la negatividad

«El hombre tiene una ciega obsesión a la hora contar sus problemas, pero pocas veces cuenta sus alegrías. Si los contara como debiera, nos proveeríamos de felicidad los unos a los otros»
Si hay algo verdaderamente enriquecedor es leer a los grandes clásicos, como Chèjov o Dostoevsky. Siempre nos sentimos identificados con esas historias y con esos perfiles humanos, y esta frase es un gran ejemplo de ello.
No podemos negar que las personas somos muy aficionadas a hablar de lo negativo, de nuestros problemas. De hecho, rara vez pasa un día sin que escuchemos críticas o sin que alguien nos explique cuánto detesta esto y lo otro. Por tanto, sería conveniente poner un filtro a todo este tipo de dinámicas para que nuestra salud mejorase en todos los sentidos.
Probemos a cambiar de canal, hagamos un giro de sentido. ¿Y si ponemos de moda la alegría? ¿Y si nos obsesionamos más por hablar de cosas positivas? …

4. Abre los ojos, confía

«Donde una puerta se cierra, otra se abre»
Esta es una de las frases más conocidas para superar la tristeza y para ofrecer ánimo y esperanza, de las más compartidas en nuestro día a día. La reflexión que nos deja es casi obligada: cuando pensamos que hemos tocado fondo y que no hay salida alguna, en realidad, ante nosotros puede abrirse no una puerta, sino un universo entero. Solo hay que saber verlo.

5. Si te caes 10 veces, levántate 11

«No he fallado ni una sola vez. Simplemente he descubierto 10.000 maneras que no funcionan”
Las personas fallamos, las personas caemos y tocamos fondo. Sin embargo, no lo hacemos una sola, vez, en ocasiones tropezamos con la misma piedra hasta 20 veces. ¿Es eso motivo de rendición? En absoluto, en esta vida solo sobreviven los cabezotas, y lejos de entender un error como un final o una caída como una pérdida irreparable, debemos verlo como lecciones que asumir para intentar hacerlo mucho mejor la próxima vez…

6. Estamos aquí para crecer

«Cada brizna de hierba tiene su ángel que se inclina sobre ella y le susurra: Crece, crece”
Esta es una frase del Talmund, tan hermosa como útil para nuestro día a día. Todo lo que habita y se contiene en este mundo tiene en realidad una sola finalidad: crecer. Sin embargo, en ocasiones perdemos de vista este principio, y nos limitamos quedarnos quietos, estancados por el miedo, atenazados por esa tristeza que nos oxida y nos arranca las alas.
Evitémoslo, seamos libres, apostemos por el movimiento, por la vida y por esos cambios que nos acercan a la felicidad…


7. En lugar de (pre)ocuparte… ¡Ocúpate!

“La preocupación es como una mecedora: te da algo que hacer, pero nunca te lleva a ninguna parte”
Esta es sin duda una de las frases para superar la tristeza y la preocupación cotidiana más ingeniosa a la vez que útil. ¿La razón? Debemos asumir que la mayoría lo hacemos, nos dejamos llevar por el vaivén de ciertos pensamientos de forma obsesiva. Así, los miedos, las decepciones y los fracasos actúan a menudo como olas, golpeándonos, derribándonos.

Preocuparnos no nos llevará a ninguna parte, pero «ocuparnos» de eso que nos quita la calma sí lo hará. Hagamos uso de la acción y nuestros miedos y tristezas cotidianas se desvanecerán de forma efectiva. Para concluir, sabemos que hay muchas más frases para superar la tristeza; sin embargo, estas son un pequeño tesoro que podemos hacer nuestro, que podemos utilizar como vitaminas mentales, como aspirinas para el desánimo. Vale la pena tenerlas en cuenta.♣♣♣



sábado, 19 de octubre de 2019

Cuando las cosas van mal… Despierta tus fortalezas psicológicas


Cuando nuestra realidad se complica y todo empieza a ir mal, necesitamos calma. En nuestro interior hay una fortaleza psicológica esperando despertar para aportarnos equilibrio, serenidad y habilidad para reaccionar de manera creativa.
Cuando las cosas van mal, de nada vale huir o tomar un camino contrario. Más allá de lo que nos han hecho creer, la dificultad hay que transitarla, caminar con ella el tiempo que sea necesario, hasta que se disipe y nos abandone definitivamente. Ahora bien, hay que hacerlo de manera activa y proactiva, despertando esas fortalezas psicológicas que todos tenemos en nuestro interior.
A todos nos suena un viejo dicho que dice aquello de que cuando las cosa van mal, pueden ir peor. Es cierto. Por mucho que nos sorprenda hay un hecho real en esa idea, y es que cuando la vida se pone complicada, en caso de no actuar de manera adecuada, se puede dar paso a otros problemas inesperados a causa de esa pasividad o de un afrontamiento erróneo.
Ahora bien, decía la escritura Marguerite Duras que, en realidad, los errores no existen, solo son actos extraños que cometemos de vez en cuando para aprender y encauzar nuestros caminos de mejor modo. Esa es la clave, entender que, por muy difícil que veamos nuestra realidad en un momento dado, siempre estamos a tiempo de sacar los recursos psicológicos más adecuados, las respuestas más acertadas.
El secreto está en no huir, en no mirar atrás y capacitarnos como seres humanos hábiles para dar forma a nuestra mejor versión. Esa donde, como decía el ensayista Joseph Joubert, no dejar que los problemas se instalen para siempre en el sillón de nuestras casas.

«El cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor».


Cuando las cosas van mal… ¿qué puedo hacer?

Todos hemos leído o escuchado esa frase de «cuando las cosas van mal, no vayas con ellas». Es una idea bienintencionada, es cierto; sin embargo, desde un punto de vista psicológico, la realidad es otra. A menudo, estamos más que obligados a pasar un tiempo determinado con esas cosas adversas, porque la dificultad no se escampa de un día para otro. Lleva su tiempo, por lo que es bueno estar preparados para cohabitar durante una época más o menos extensa con los problemas, hasta lograr resolverlos.
No obstante ¿cómo hacerlo? ¿qué podemos hacer cuando aparecen esos giros de sentido en nuestro presente? Lo señalábamos al inicio, debemos despertar nuestras fortalezas internas, esas de las que nos habló Martin Seligman en su teoría sobre las claves de la felicidad.
Veamos ahora tres pasos sobre los que reflexionar.

1. Lo más importante: el estrés emocional

Cuando las cosas van mal, podemos alcanzar ese instante en el que nos sentimos superados. Es como si no tuviéramos control sobre nuestra realidad y todo, absolutamente todo, se complicara por momentos. Esta sensación está producida por el estrés emocional, un estado interno capaz de bloquear el ánimo, los pensamientos y nuestra capacidad para reaccionar.
Así, estudios, como los llevados a cabo por la doctora Elyse Dam Glausser, de la Universidad de Universidad de Lausana (Suiza), nos indican que esa falta de regulación emocional es nuestro principal enemigo a la hora de sacar lo mejor de nosotros mismos. Por ello, para poder lidiar con la dificultad y para pensar en soluciones más creativas, necesitamos seguir estos pasos:
Acepta tus emociones, identifícalas, dales nombre.
Presta atención a los pensamientos que se vinculan a esas emociones (me siento tan angustiado que pienso que las situaciones o los problemas actuales solo pueden derivar en catástrofes).
Practica la respiración profunda y detén esos pensamientos. En esos instantes de estrés, quien manda en tu mente es la amígdala. Es ella quien te envía señales con sabor a miedo y angustia. Activa tu corteza prefrontal, ahí donde se dirige el pensamiento lógico y racional. En estos casos, técnicas, como el mindfulness, pueden ayudarte.

  • 2. Corrige patrones de pensamiento que supongan un obstáculo
Las personas estamos hechas de células, nervios, huesos y también de creencias, algunas de ellas erróneas. Hablamos de esas ideas que ponen palos en las ruedas de nuestras ideas, cepos en cada paso que damos; una voz interna nos dice que todo saldrá mal, que cierta persona hizo lo mismo y fracasó o que lo mejor, en ciertos casos, es no hacer nada y dejar que la tempestad escampe empujada por el tiempo.
Nuestra mente puede ser nuestra peor enemiga cuando las cosas van mal. Por ello, aquí la reestructuración cognitiva es una técnica que nos puede ayudar mucho. ¿En qué consiste? Implica básicamente detectar esas creencias, actitudes y esquemas negativos o bloqueantes y apagar su poder. Hay que reescribir muchos de esos enfoques internos e inyectarles de creatividad y esperanza.

3. Acepta, transforma y proyecta

Decía Séneca que la adversidad es la mejor ocasión para que emerjan nuestras virtudes. Estamos acostumbrados a que nos digan eso de que, cuando las cosas van mal, hay que ser fuertes, pero en realidad, más que fuertes hay que ser valientes y creativos; ese es nuestro potencial, esas nuestras mejores virtudes.
De este modo, para transitar por esas épocas de dificultades, lo ideal es asumir tres pasos. El primero, aceptar lo que nos ocurre. El segundo, ir haciendo pequeños cambios para transformar nuestro presente. Se trata de crear pequeños avances que poco a poco, darán sus frutos en su momento. Por último, una herramienta muy acertada es pensar en qué queremos para nuestro futuro.
De poco sirve dirigir la mirada en el pasado, en lo que teníamos ayer. Cuando las cosas van mal hay que planear, proyectar, idear pequeños objetivos que nos lleven poco a poco, hasta ese horizonte más idóneo.
Para concluir, solo insistir una vez más en que estos procesos no son fáciles ni rápidos. A veces damos un paso adelante y otro hacia atrás. Se trata en esencia, de ser persistentes, mantener la calma y dejar que emerja nuestra mejor versión.♣♣♣


Cuando aceptas e integras tus polaridades te vuelves más TÚ


Cuando aceptas e integras tus polaridades te vuelves más TÚ. Te vuelves genuino y auténtico. Entras dentro de ese camino recto que siempre te conduce a tu esencia más pura. Un camino que siempre nace en ti y vuelve a ti.
Pero, ¿qué entendemos por polaridades? Las polaridades hacen referencia a los extremos de un mismo continuo. Extremos que son opuestos entre sí. Si uno es la luz, el otro es la sombra. Si uno es la pasividad, el otro es la acción. Cuando uno es claro, el otro es oscuro. Hablamos, por tanto, de los extremos que posee un mismo continuo.

En un plano más psicológico podemos encontrar ejemplos de estas polaridades en las siguientes parejas: Tristeza-Alegría, Euforia-Tranquilidad, Extroversión-Introversión, Feminidad-Masculinidad… seguro que ya comprendes a qué me refiero e incluso puedas completar tú la lista. Además es probable que hayas vivido desde dentro de ti cada uno de esos opuestos. ¿Quién no se ha sentido triste y alegre? ¿Quién no ha estado eufórico alguna vez a pesar de ser alguien, por lo general, tranquilo?
Aunque la cultura contenga parte de tus polaridades, ellas siguen estando en ti
Las polaridades nos hablan de la vida en toda su extensión. Nos hablan de lo que la vida ES y de lo que la vida DA. Si en la vida hay esto, también habrá lo otro. ¿Buscas luz? Te daré oscuridad también. Poder ver estas polaridades y cómo nos influye situarnos en un extremo u otro forma parte de nuestro crecimiento personal.
La cultura, las normas sociales, la herencia familiar, los mandatos disfrazados… silencian y maltratan en ocasiones a un lado del continuo, a un extremo de la pareja. Silencia un lado de la polaridad. Amputa nuestra esencia, en muchas ocasiones no dejándola crecer. Como un brote de hierba que lucha por salir, pero siempre es cortado. La energía que ocupa queriendo salir es totalmente amputada por la herramienta que corta.
Sin embargo… la energía sigue ahí. Y si no sale de manera natural, saldrá de otras maneras menos sanas y más violentas. Esto es lo que ocurre con nuestras polaridades. Cuántas veces te habrás sorprendido a ti mismo al verte agresivo e hiriente, cuando quizá la imagen que tienes de ti es la de una persona tranquila y paciente. Cuántas veces te has sorprendido al verte calmado y sosegado, cuando te consideras como alguien nervioso y fácilmente excitable por su entorno.

Identificarnos solo con una parte de la polaridad es negar nuestra autenticidad

Esa es tu autenticidad, esa es tu verdadera genuinidad. Tú eres ambos extremos. Eres agresividad y eres delicadeza, eres tranquilidad y nervio. Eres luz y eres sombra… Normalmente nos posicionamos en un extremo del continuo negando con total convicción la existencia del otro extremo. «¡Yo soy muy tranquilo, nunca me enfado!» «Yo soy muy independiente y no necesito ayuda».
Y es en ese momento, en que el negamos parte de nuestra naturaleza, cuando criticamos duramente en el otro. Si no soy capaz de aceptar lo que repudio de mí y lo que la sociedad me insta a repudiar, lo veré y lo repudiaré en los demás. Pero… no en mí, porque eso «no soy yo». «Porque yo soy muy tranquilo y nunca me enfado». Sin embargo, cuando veo que otros lo hacen hierve mi ser y explota.
Nos identificamos con aquellas partes de las que nos orgullecemos o con aquellas partes que la cultura en la que vivimos refuerza. Ser hombre y «ser femenino» (lo que la sociedad considera ser femenino) a veces se percibe como algo extraño en determinadas culturas. Sin embargo, en otras es algo totalmente normal y natural.

Si nos apropiamos de lo que negamos, ya no lo proyectaremos fuera

Una vez que reconocemos nuestros extremos podemos aceptarnos. Cuando nos aceptamos dejamos de proyectar en el otro aquello que no nos gusta de nosotros, incluso cuando existe podemos llegar a entenderlo sin juzgarlo. Lo contemplaremos con tranquilidad y sin sentirnos turbados. Ya que no estaremos proyectando lo que no nos gusta de nosotros, simplemente lo estaremos contemplando.
«Tú no ves lo que eres, sino su sombra»


 Trabaja por tu genuinidad, por integrar tus polaridades. Cuanto más te aceptes menos rechazarás al otro. Cuantos menos prejuicios tengas, más libre serás. Cuanto más te aceptes, más podrás trabajar contigo mismo desde el cariño para mejorar, eliminado la necesidad de proyectar lo que no te gusta en los demás.♣♣♣