De Todo Un Poco

lunes, 18 de noviembre de 2019

3 maneras de dar un giro positivo a tu actitud


Tenemos la opción de poder elegir vivir y disfrutar de una actitud abierta, serena ante las emociones y gozar de un pleno bienestar interior. Dejar de sufrir siendo lo suficientemente valientes para entregarnos, en cuanto a amor incondicional se refiere, con los brazos abiertos a nuestros seres más queridos.
Vivir con una actitud abierta implica cambiar parte de nuestros hábitos y creencias. Muchos son los que llamarían a este acto madurez. Y otros los que preferirían decir que se trata, simplemente, de la necesidad de cambio de perspectiva ante nuestra propia realidad personal, la de cada uno de nosotros.
Al fin y al cabo, ambas posibilidades buscan conseguir un cambio de actitud positivo. Para lograrlo, hoy me encantará invitarte a tomar 3 maneras que te ayudarán a dar un giro positivo a tu actitud, aprendiendo así a cambiar tu vida y sacar a la luz tu mejor versión.
«No pienso en todas las desgracias, sino en toda la belleza que aún permanece»

Ser agradecido

A veces pasamos por alto que lo más simple es aquello que nos proporciona una experiencia serena y feliz, ayudándonos a valorar todo lo que nos rodea de forma inimaginable. 
Dejamos en el olvido muchos momentos por los que dar las gracias como estospor sentirnos dichosos con oportunidades que no todos podremos tener ocasión de vivir. Pero los que sí, son afortunados por ello y tienen la tarea de bendecir y honrar. Honrar la vida y todo lo que acontece en ella, porque tiene el poder de concedernos los mejores sentimientos, aprendizajes y experiencias.
Aprendizajes y experiencias que nos llevan a construir la mejor versión de nosotros mismos: la verdadera esencia humana. Basándonos en las leyes vitales del todo, pertenecemos a algo mucho más grande y eso lo sentimos cada uno de nosotros en nuestro corazón.
El ser agradecidos ante las personas que nos aman, ante el hecho de sentirnos y estar vivos, disfrutando cada experiencia y ser de forma incondicional es necesario si quieres tener una actitud positiva. Dar las gracias es reconocer y valorar todo aquello que te rodea.
«Una persona feliz no tiene un determinado conjunto de circunstancias, sino un conjunto de actitudes»

Trabajar con tu consciencia corporal

El cuerpo es nuestra herramienta para conectar nuestra sabiduría interior, nuestro regalo divino: aquello que tenemos el deber de compartir con los que amamos. Siguiendo este dogma sacamos a la luz que nuestra razón, aquella que nos hace elegir un bando u otro, depende directamente del cuerpo,y al revés.
Los pensamientos condicionan la postura corporal, la respiración, nuestros movimientos y sobre todo nuestra actitud ante aquellas experiencias que nos suponen una barrera y que pueden dejarnos como recuerdo un aprendizaje inmensamente rico.
Nuestro cuerpo marca la unión del todo con nosotros mismos. Sin él no podríamos vivir, eso está claro, como seres eternos. Cuando tomamos consciencia de nuestro instrumento corporal es cuando podemos modificar y variar a positivo nuestra forma de gestionar las emociones.
Recuerda que tu cerebro es una herramienta que en solo cuestión de segundos te permite cambiar tu actitud ante tu propia experiencia vital. De ahí la importancia de tomar consciencia y respeto por el. Ten en cuenta, para ello, realizar ejercicio físico y comer de forma saludable.

Meditar y calmar tu interior

Si deseas dar un giro positivo empleando para ello tu actitud, necesitarás ejercer un control sobre tus pensamientos. La mejor herramienta es aprender a identificar cada uno de ellos. Para ello, la meditación es una de las mejores opciones: te concederá el don de la plenitud y serenidad interior a la hora de controlar tus pensamientos.
Te recomiendo así el yoga, taichi, pilates o ejercicios de respiración que te permitirán emplear un tiempo para descansar. El descanso es vital a la hora de sentirnos serenos y con una mente en calma para poder ver en perspectiva «como va marchando» nuestra experiencia.
Evita ponerte excusas en cuanto a tiempos se refieren, ya que esta es una de las principales barreras a la hora de realizar ejercicios de este tipo. Recuerda que si no descansas poco a poco serás más vulnerable al estrés y cansancio crónicoTómate tiempos que te permitan sacar una reflexión del «para qué» de tus pensamientos y su posible origen, que tanto te puede condicionar.
«El gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes»





sábado, 16 de noviembre de 2019

Si te faltan al respeto, pon límites y no lo permitas





Si te faltan al respeto, pon límites y protégete de las agresiones (directas o indirectas). No hemos venido a este mundo para soportar agresiones (por muy veladas que sean estas), y menos aún cuando no hemos hecho nada para merecerlas. Piensa que no podemos controlar el comportamiento de todas las personas, pero sí podemos aprender a establecer límites y consecuencias cuando alguien los traspase.
Hemos llegado a normalizar la falta de respeto como algo que forma parte, sobre todo, de las relaciones de poder. Como si fuera una base tolerable en las relaciones entre personas de «diferentes niveles de una jerarquía». Nos excusamos y excusamos a los otros. «Bueno… es tu jefe, no te queda otra que aguantarlo.», «A ver… no esperes que te vayan a tratar bien si has llegado nuevo a ese trabajo», y un gran etcétera…
La línea que separa lo que es tolerable y de lo intolerable se vuelto borrrosa, como si fuera un trazo a lápiz sobre el que hemos pasado repetidas veces el dedo. Por otro lado, cada uno tiene la capacidad y la obligación de poner sus propios límites. No obstante lo que sí es cierto es que en muchas ocasiones nos encontramos a nosotros mismos dudando si algo ha sobrepasado los límites del respeto en una relación, o no.

Los límites te protegen de las faltas de respeto

Por ello es fundamental dejar claro qué vamos a tolerar y qué no vamos a tolerar en una relación. Con nuestros amigos, con los conocidos, con los compañeros de trabajo, con la familia… Hagamos un esfuerzo por ser escuchar las señales de nuestro cuerpo cuando alguien está sobrepasando la frontera.
Cuando el respeto hacia nosotros está siendo violado. Nuestro cuerpo es sabio y siempre nos avisará de ello. Escucharle y ser conscientes de él es nuestra tarea.

En las relaciones humanas nadie es superior a nadie. Todos somos diferentes y desempeñamos actividades diferentes, pero nadie es «humanamente superior» a nadie. Por tanto si permitimos que alguien nos dañe o nos hiera no deberíamos pensar la superioridad es una razón válida.
Aquello que no existe, no puede ser una razón. Además, que exista no implica necesariamente que lo sea.
Por esta regla de tres todas las personas «superiores» a nosotros tienen el derecho de herirnos y dañarnos. Si nadie es superior a nadie, entonces quizá sea bueno que te plantees hasta qué punto le estás dando ese poder TÚ mismo. Ese poder que otro de partida no tiene.
Nos encontramos dando poder a determinadas personas para herirnos, y hacernos sentir mal. ¿Cómo? Asumiendo su falta de respeto como algo natural, como algo que le permitimos. Como algo que le dejamos hacer. Te dejo entrar en mi castillo y además te dejo que hagas con él lo que quieras.

Si no ponemos límites estamos permitiendo al otro que nos dañe

Hay muchas maneras en las que dejamos que los otros se sobrepasen y en las que les mandamos señales para «invitarles» a hacerlo. Por ejemplo, cuando alguien nos ha hecho sentir muy incómodos con algún comentario referido a nosotros. En vez de hacerlo saber, callamos y lo silenciamos. Lo guardamos en nuestra particular mochila de reconres guardados. Así, convertimos su falta de respeto en veneno para nosotros.

A la vez, consintiendo una conducta le decimos le mandamos un mensaje claro al otro: en el futuro es probable que la vovlamos a consentir. De alguna manera es como si indirectamente le estuviéramos diciendo «puedes faltarme el respeto si así deseas, te dejo hacerlo».
En cambio podemos plantearnos si esto nos hace sentir cómodos con nosotros mismos, si callar con el cuerpo y la palabra nos ayuda a mejorar nuestras relaciones…
Muchas veces sonreímos o «corremos tupidos velos» para evitar ser honestos con nuestros límites y hacérselos ver al otro. No pasa nada por hacerlo, de hecho muchas veces se trata de una cuestión supervivencia.
Otra razón por la que callamos es porque nos sentimos muy torpes siendo asertivos. Pisamos tan poco ese campo que muchas veces nuestro mensaje de censura por la conducta observada es muy poco claro. No pasa nada, con la práctica irás aprendiendo, lo importante es que te pongas a ello.

No te engañes, no mereces que nadie te falte al respeto

Aunque aguantar una falta de respeto en un determinado momento sea una cuestión de «supervivencia», no significa que la inmensa mayoría lo sean. Si alguien nos está faltando al respeto con frecuencia hemos de plantearnos si lo estamos «aceptando» para poder «sobrevivir» o porque no somos capaces de poner nuestros limites y no nos valoramos ni queremos lo

No merecemos que nadie nos falte al respeto gratuitamente y sin ningún fundamento. Así, si no lo mereces, plantéate si es mejor cargar con el dolor y con una sonrisa cambiar de tema o asumir que han transgredido tus límites. Tú puedes hacer mucho por recuperar tus límites y mostrarlos auténticamente cuando sientas que están siendo violados.
Sin duda es todo un reto, y exige un cierto esfuerzo si no estás acostumbrado a hacerlo, pero merece la pena. Merece la pena RESPETARSE A UNO MISMO, más que dejar que los otros nos falten al respeto para mantener su «aprecio» hacia nosotros.
Se trata una vez más de autocuidado y amor propio. Un reto para encontrar la felicidad en esta sociedad de macabros señuelos. Así, como la vida no es estanca y además y sobre todo es tuya…¡tú puedes elegir respetarte cuando otros no lo hagan!