De Todo Un Poco

sábado, 21 de noviembre de 2020

¿Amor o dependencia?




 
¿Cuál es la frontera que marca la diferencia entre amor o dependencia? A veces cuesta un poco diferenciarlo, ya que en toda relación de pareja es habitual sentir cierto sentimiento de obsesión, de necesidad, de cercanía con la persona que amamos.

Pero todo tiene un límite y un equilibrio. Los espacios propios siempre son necesarios, al igual que la confianza, la comunicación y la empatía.

El problema empieza cuando aparecen pequeñas obsesiones o necesidades que son difíciles de satisfacer a cada momento. La obsesión por saber dónde está la otra persona, por saber qué piensa, qué siente, la ansiedad por tenerla controlada a través del móvil, del whatsapp, el miedo constante a ser abandonados…. ¿es esto quizá una enfermedad? Cuando el amor se transforma en obsesión y dependencia, ¿estamos quizá realmente enfermos?


Cuando nos preguntamos si es amor o dependencia lo que sentimos por una persona, tendríamos que analizar todas esas creencias que nos instan a dejar nuestra individualidad a un lado a favor de una relación amorosa

Expertos en relaciones de pareja como Walter Riso nos dicen que no, que no es una enfermedad, se trata de un término medio entre una adicción y un rasgo de personalidad particular. Una dimensión psicológica y comportamental muy difícil de superar o de afrontar.

A veces, ni siquiera la terapia puede ser útil. Podemos hablar irónicamente de mal de amores… aunque es algo mucho más serio, puesto que la adicción afectiva es la más difícil de superar.


Cuando el amor se transforma en adicción
Los expertos nos dicen que nadie está a salvo de sufrir este tipo de adicción. Puede que hayamos pasado por relaciones anteriores, que hayamos sufrido fracasos o separaciones acordadas donde no haya existido excesivo dolor. Hasta que un día, por una razón indeterminada, caemos en brazos de una relación que es completamente distinta. Que nos obsesiona y nos llena de miedos y ansiedad. La duda sobre si nuestra relación se basa en el amor o dependencia se hace presente.

Miedo a ser abandonados por la persona que amamos. Ansiedad ante la idea de no tenerlos a nuestro lado, una relación que llena toda nuestra mente y que gira completamente el motor de nuestra vida. Podemos ser nosotros los que caemos en este tipo de relación, o puede ocurrir sencillamente, que demos con una persona que presenta estos y otros rasgos aún más complejos. Más peligrosos.

En ocasiones, no es necesario tener un trastorno patológico o un perfil psicológico determinado para crear relaciones de dependencia con una persona. Aunque también hemos de tener en cuenta que hay perfiles con una marcada predisposición casi “preocupante” a la dependencia. Y es aquí donde pueden aparecer los verdaderos problemas.

Si te preguntas si es amor o dependencia lo que sientes por tu pareja, ten en cuenta que estos dos términos no son sinónimos entre sí, aunque así nos lo hayan hecho creer

Personas por lo general que presentan una baja autoestima y que llenan su mente de miedos, demostrando una desconfianza continua ante el otro creyendo que van a ser traicionados, abandonados o rechazados. Dimensiones que a veces, pueden derivar en agresividad. Debemos tenerlo en cuenta para saber si nuestra relación es de amor o dependencia.
Relaciones más destructivas que constructivas



Es necesario revisarse uno mismo cada día para darse cuenta en la situación en la que nos encontramos. Es muy común por ejemplo el “estar ciegamente enamorado/a”, y de pronto, percibir con un inquietud que uno está dejando de lado a la familia y a los amigos, que apenas tenemos vida social porque nos centramos exclusivamente en nuestra pareja, en su mundo, en sus necesidades…

Todo ello entra dentro del campo de la madurez emocional. Una persona madura, con autoestima y confianza en ella misma, no tiene por qué cercarnos con sus miedos y su control. La dependencia absoluta alza cercados a nuestro alrededor, barreras que no solo nos impiden movimientos, sino también espacio para nuestra mente, para nuestro crecimiento como personas individuales.

Lo esencial es que seamos capaces nosotros mismos de decirnos lo siguiente:


“Puedo vivir sin la otra persona. Puedo hacerlo porque amo mi vida y me amo a mi mismo/a, porque soy capaz de de valerme y me gusta como soy. Pero sin embargo, sabiendo esto, elijo también amar libremente al otro, para crecer con él/ella, para hacer una vida juntos…. pero no atados ni sometidos”

Hemos de cultivar un realismo afectivo, donde exista el autorrespeto y autocontrol, podemos dejarnos llevar libremente por las pasiones del amor, pero guardando siempre nuestra integridad. La otra persona debe darnos su confianza y espacio propio para crecer como personas, al igual que nosotros lo haremos con nuestra pareja.

Todos somos vulnerables en una relación de pareja. No hay nada más caótico que el amor, lo sabemos. Pero siempre es necesario el equilibrio, la autoestima y la autoconfianza. Una relación se construye día a día y momento a momento, no dejemos que sea al contrario… que nos vaya destruyendo.



miércoles, 11 de noviembre de 2020

¿Qué busca el espíritu?


Cuando una persona se dispone a tomar su descanso diario, y se acuesta a dormir, está a punto de ingresar a un estado muy específico, puntual. Algunas religiones afirman que es el momento en el que alma se eleva, para salir a encontrarse con otros espíritus, muchos ya fallecidos. Está visto que dormir no es una simple acción de un humano, porque en ese acto, que encierra objetos, sentimientos, emociones, pero también transmiten un contexto de símbolos, influencias culturales, entremezcladas con creencias que traspasan lo que es un simple estado mental, físico o emocional. Y en medio te todo eso... ¿Qué influencia puede llegar a tener el alma de una persona que está soñando, al encontrarse con el alma de un espíritu fantasmal de un familiar o ser querido? ¿Puede acaso recibir esa persona que se encuentra en estado alfa, una ayuda específica de esa entidad venida del más allá?



Cuando una persona se va a dormir, se encuentra en un estado que se llama sueño profundo, que es el momento en el que las ondas cerebrales van pasando sucesivamente de beta a alfa, theta y finalmente, delta. Durante el sueño se producen ciclos que duran unos 90 minutos. Y es en ese período en el que, mientras muchos expertos afirman que es el tiempo en que una persona descansa, y los sueños son símbolos relacionados con sus actividades diarias. En cambio otros investigadores explican que el mundo de los sueños puede resultar una conexión a otros planos o mundos. Esos planos, inaccesibles a la conciencia, desmitifican aquello de que desde la noche de los tiempos se consideraba que los sueños en los que se aprecian seres fallecidos resultaban un signo trascendente que no se debía ignorar.



En cambio, todo hace suponer que los espíritus fantasmales de familiares y amigos desaparecidos aparecen en nuestros sueños con un mensaje, consejo o advertencia. Esto debe entenderse con el fin de evitar problemas innecesarios y a la vez guiar a esa persona con vida en el futuro inmediato.

Bien enfatizado

Se dice que si una persona sueña y no quiere olvidar lo que "observó" durante ese lapso, tendrá que anotar lo captado en los minutos inmediatos al despertarse. Caso contrario, aunque sí recuerde sintéticamente de que se soñó, difícilmente se acuerde de los detalles. Y si una persona sueña con un pariente o amigo, en muchísimos casos sucede que les queda la sensación de que ese ser fallecido potencialmente trataba de dar algún tipo de mensaje del más allá. Eso es potencialmente muy probable, en un alto grado, aunque no será fácil captar qué es lo que quiso avisar o decir, siempre en sueños. No hay dudas sobre el punto de vista sobrenatural de soñar con seres queridos fallecidos. Así, los psicólogos consideran que soñar con difuntos conocidos es apenas una manifestación de la depresión o sentimientos de culpabilidad. Interpretan que la aparición de espíritus fantasmales en el mundo onírico conforma parte de la psique que intenta contactarse con la persona viva. Estos sueños conforman una suerte de crecimiento o, por el contrario, resultan un impedimento para el crecimiento intelectual de la persona, que no logra poder avanzar en una cuestión en particular.

Más explicaciones

Los expertos en sueños también aseguran que es común soñar con recibir un mensaje de la persona fallecida. Este mensaje puede relacionarse con la psique inconsciente o un aspecto racional del soñador. El mensaje tiene información significativa pero no es tal como aparece. En el caso de que se trate de un mensaje negativo en ocasiones refleja los propios pensamientos del soñador, miedos y preocupaciones que no provienen de una fuente externa. Sin embargo, esto sueño puede estar mostrando como nos daña nuestros propios temores y preocupaciones a nuestro estado emocional y nuestra toma de decisiones.



Estas son las explicaciones que ofrecen todos aquellos que se creen expertos en sueños y que aseguran tener la llave para descifrar lo más oculto de nuestra psique. Pero la realidad es que tanto los libros actuales como expertos en sueños no prestan la suficiente atención a un matiz realmente importante: como personas queridas ya fallecidas aparecen en nuestros sueños para entregarnos un mensaje muy importante desde el más allá.

La interrelación

Es contundente y concreto que no existe evidencia científica alguna para certificar que los espíritus de personas fallecidas puedan visitar a sus parientes y amigos en sueños, lo que de todas formas no es descartado por la ciencia. Es que bastaría con consultar a miles de personas que han vivido esa sensación corpórea de estar conectados con esos seres queridos ya no están. Lo que deja en claro que esa vivencia resulta, como mínimo, potente, que marca al individuo vivo, y decididamente real. Para quienes practican la interrelación entre vivos y muertos a partir de la comunicación psíquica indican que este fenómeno está dado a ese vínculo que las almas de los vivos y la de quienes ya no están mantienen en un plano espiritual, lo que, para que se entienda mejor, iguala a todos y en ese plano, el “diálogo”, llamémoslo así, fluye naturalmente. Que el espíritu de una persona fallecida busque a sus familiares y amigos es, además, una advertencia de lo que puede llegar a suceder, habida cuenta que en esos planos el tiempo no parece ser el mismo que en el mundo real.

Diferentes formas

Una persona puede soñar con muchas cosas, de cualquier índole y tenor. Con un viaje, con un auto nuevo, con su mascota y hasta con sus propios actos. Pero cuando lo hace con un espíritu de un ser conocido, ese sueño no es igual. Habitualmente la comunicación con los espíritus fantasmales se da porque son estos los que fuerzan el encuentro y suele iniciarse con una charla en la misma habitación, con uno acostado y el otro “mostrándose”, aunque pueda resultar que ambos luzcan sentados. Incluso se dan casos en los que se activa una llamada de un celular, parta que el ser vivo reciba el “mensaje” de quien ha venido. Esas conversaciones generalmente duran poco Tiempo, pero la sensación es de absoluta realidad, como si lo que se está soñando es tan real que hasta se pueden sentir modificaciones de temperatura, habitualmente, con sensaciones de frío, de leve a extremo.

Es entonces que, a diferencia de los sueños “habituales”, esa vivencia quedará fácilmente marcada en la persona viva, que recordará mucho más que en esas difusas sensaciones recibidas en un sueño común, del que uno se despierta transpirado, con un cansancio inusitado y hasta molestias en varias partes del cuerpo.

En cambio, cuando hay un sueño en el que se “encuentran” un ser real con un espíritu fantasmal de un conocido o pariente, ese encuentro será entre solo ellos, y se producirá un extenso diálogo o el vivo se limitará a escuchar advertencias, consejos o simplemente detalles de algo que seguro, es trascendente para quien sueña. En este caso, la persona al despertar se sentirá bien, lo hará plácidamente, no sentirá agotamiento y sí mucha paz.

Potenciales razones

Los espíritus fantasmales tienen un sinfín de razones para aparecer materializados frente a sus seres queridos vivos. Las motivaciones pueden ser innumerables, pero en todos los casos marcan mensajes, que pueden ser de advertencia por algo que puede llegar a suceder, pero también para dar tranquilidad o protección, aunque también para culminar una historia y perdonar por alguna cuestión. Para tranquilizarnos, para transmitir un mensaje o una advertencia, o para alcanzar un acuerdo que termine con algún conflicto que hayan tenido en vida. En muchos casos, ese “acuerdo” termina con conflictos que pudieron perdurar por generaciones, aún en hechos de casos destructivos, odiosos o de conductas abusivas.



También puede tratarse de una advertencia, referida a cuestiones de salud. Incluso, ya inmateriales, esos espíritus fantasmales pueden llegar a ser consejeros psíquicos muy fiables, y como se pueden mover a través del espacio y el tiempo sin problemas, sus avisos resultan precisos, dado que se muestran sensibles a los problemas de salud que tienden a darse en familias. Pero, del mismo modo, esos espíritus en muchas oportunidades dan aviso de que la muerte se avecina, ya sea para la misma persona como para quienes lo rodean. Si una persona recibe un “aviso” de una entidad fantasmal conocida, suele tomarse como un alivio: Más allá de la vida hay alguien que lo va a estar esperando.

Asimismo, en muchos casos las entidades suelen utilizar como canales de comunicación a terceros, cuando el receptor no recibe el mensaje, o no reacciona ante esa condición. Entonces busca a alguien que advertirá ese mensaje.

¿Y si piden ayuda?

También puede suceder que esos espíritus fantasmales se encuentren en un problema, ya que no logran elevarse hacia una instancia superior, y están atrapados en planos intermedios. A través de sueños, esas entidades piden a los vivos que activen mecanismos mucho más sencillos de lo esperados. A veces, un simple perdón libera a esa alma, que entonces podrá elevarse. En algunos casos, cuando entre sueños, los vivos no logran entender qué les pasa a sus difuntos, siempre es bueno que ese paso lo pueda orientar un médium, aquel que sí logrará comunicarse con esa entidad y que les dará la respuesta que están esperando.



Las razones para que un pariente o amigo fallecido se acerque a quien duerme pueden ser en dos sentidos: advertencia o clemencia.



martes, 10 de noviembre de 2020

Las personas se definen por sus comportamientos, no por sus palabras


 
¿Cómo encontrar pareja si soy una persona tímida?
La vanidad: "yo, el mejor de todos"
¿Qué es la personalidad?


Es probable que muchas veces nos hayamos sorprendido e incluso decepcionado con los comportamientos de los demás. Esto, habitualmente, supone un antes y un después para nosotros, pues sentirnos defraudados es un duro golpe que cuesta asumir.

Cuando esto sucede puede que incluso nos resulte complicado concretar o definir la razón o razones por las que nos ha impactado tanto lo que alguien ha hecho o dicho. La cuestión es que nos da la sensación de que han intentado enmascarar sus verdaderas intenciones a través de las palabras.

Lo cierto es que en este sentido la gran mayoría de las personas somos bastante incoherentes, ya que solemos prometer cosas que no pensamos, que no podemos o que no queremos cumplir. Puede que, incluso, no nos demos cuenta de estos sinsentidos y que simplemente digamos lo que creemos socialmente aceptable sin pararnos a pensar si lo sentimos de verdad.


No nos definimos por lo que decimos, sino por cómo nos comportamos

Sea como sea, por la boca muere el pez. Esto tenemos que entenderlo en el sentido de que podemos decir lo que queramos, pero siempre teniendo en cuenta lo que de verdad sentimos y si vamos a poder llevarlo a cabo.

De hecho, diría que menos mal que la mayoría de personas no nos definimos por lo que decimos, porque sino viviríamos en un mundo demasiado ideal como para ser cierto. Es decir, que sería tan perfecto como falso.

Con esto queremos resaltar que es justificable e incluso deseable que cometamos estos errores, pues contribuyen a que nuestras relaciones sean más plurales y maduras. O sea, que la incertidumbre no es sinónimo de caos.

De todas maneras, aunque el mundo sería demasiado aburrido si todos fuésemos perfectos, sí que es verdad que tenemos que buscar alcanzar un punto intermedio en el que no todo esté premeditado ni deje de estarlo. En este sentido, debemos procurar ser lo más íntegros y coherentes posible, poniendo cuidado en no hacer daño a los demás ni fallar a nuestra autenticidad.


Que no te asuste desconocer a los demás.

                                           

¿Y qué has aprendido después de tanto dolor, de tantas traiciones? Entonces le respondí: “Aprendí a siempre sonreír”

A veces nos empeñamos en formar una imagen de los demás que nos atormenta. Generalmente las personas no son blancas o negras, sino que se tiñen de muchos colores en cada momento.


Solemos comportarnos de manera demasiado rígida cuando valoramos a los demás, lo que ocasiona que nos decepcionen con frecuencia. Sin embargo, es frecuente que no nos paremos a analizarnos a nosotros mismos, cometiendo el fallo de pensar que nuestros errores son menos graves y más pasajeros.

La solución se encuentra, en parte, en desligarnos de todas aquellas expectativas que hacen que nos castiguemos esperando de los demás cosas que nunca van a llegar. De hecho, es probable que incluso no sepamos ni qué esperamos al dar por hecho que alguien va a actuar como nosotros lo haríamos.

Aferrarnos a las expectativas de cómo deberían comportarse los demás es un acto normalmente involuntario pero que puede conllevar un gran sufrimiento. Ya que cuando su comportamiento no encaje con lo que habíamos proyectado en ellos, nos sentiremos decepcionados. Sin embargo, debemos ser conscientes que en realidad, no ha sido la otra persona la que nos ha fallado. Sino nuestra férrea creencia en que nunca se comportaría como lo ha hecho.


Somos seres de impulsos…

La verdad es que no es tan fácil ser coherentes cuando puede que en un momento dado a la mayoría de las personas nos ciegue la voluntad de nuestras emociones. Esta es una posibilidad que siempre está presente y que nos amenaza de manera constante.

De todas maneras, no nos engañemos, tenemos que trabajar para gestionar nuestras emociones de tal manera que impidamos que nos jueguen una mala pasada en los peores momentos.

Así, en cualquier caso, además de no definirnos por lo que decimos, puede que tampoco lo haga el cómo nos comportamos. Tenemos que procurar valorar cada situación de manera global y no decepcionarnos tan a la ligera con los demás o con nosotros mismos. El contexto juega un factor fundamental en la mayoría de las ocasiones. Para valorar una conducta es necesario tener en cuenta el contexto en el que se ha desarrollado esa conducta. Cuántas veces nos hemos preguntando: “¿por qué he hecho eso? No quería”.

Así pues, en última instancia, a veces, tampoco somos lo que hacemos. En ocasiones nos dejamos arrastrar por circunstancias externas e internas inadecuadas. Nos convertimos en un velero sin timón arrastrado por el viento y las olas perdido en mitad del mar.

No tenemos que castigarnos ni sentirnos culpables en exceso, pero sí que deberíamos evitar contar cuentos y hacer castillos en el aire. O sea, que una cosa es que errar es de humanos, y otra muy diferente es engañar, por lo que no podemos excusar la una en la otra.


La mejor manera de protegernos y curarnos de las malas experiencias es deshacernos de nuestras expectativas y de las imágenes que nos hemos formado.

Ni todo el mundo es bueno ni todos somos perfectos, por lo que nuestra reacción dependerá de que valoremos todo aquello que consideremos que puede influir.





lunes, 9 de noviembre de 2020

Dime cómo actúas y te diré qué has vivido


 
¿Cómo encontrar pareja si soy una persona tímida?
La vanidad: "yo, el mejor de todos"
¿Qué es la personalidad?

Tanto tú como yo como el resto del mundo somos distintos. Tú llevas tu pequeña gran historia dentro, los otros llevan la suya y yo la mía e, independientemente de conocerla o no, sentimos que la propia es mucho más real que las demás. Lo que quizás no sabes es que la manera en la que actúas habla mucho sobre lo que has experimentado.

Justamente, de forma inconsciente, magnificamos lo que hemos vivido y empequeñecemos lo que no: he comprendido conforme he ido creciendo que somos lo que hemos vivido y que, por eso, actuamos coherentemente con ello. Cuando sabemos lo que significan las cosas y los hechos es cuando realmente le damos el valor que tienen.
Me conoces cuando entiendes lo que llevo detrás

Por la misma razón por la que hablamos sin saber de muchos de los temas sobre los que nos dan oportunidad, nos atrevemos a opinar sobre las demás personas sin conocerlas. Es decir, hablamos, opinamos e incluso juzgamos porque no lo hemos vivido, porque la situación no nos ha tocado la piel a nosotros mismos.


Por todo esto, solo puedo saber quién es alguien realmente si se desnuda conmigo y actúa con toda su esencia: por encima de cualquier cosa su forma de comportarse, de hablar, de saber situarte en determinadas situaciones, de cómo actúas, es la mejor manera que tiene de enseñarme qué le forma como persona.

Tú eres el resultado de ti mismo, no culpes a nadie nunca, nunca te quejes de nadie ni de nada porque fundamentalmente tú has hecho lo que quieres de tu vida”

Lo cierto es que hasta cuando no hacemos nada nos ocurre algo. Es algo así como que la vida no nos da la oportunidad de no vivirla: ella ocurre y si tú no le sigues, te arrastra. No podemos dejar de vivir cosas y no podemos decidir que no nos ocurra nada. Lo que podemos hacer es representar con nuestros actos nuestro aprendizaje: actúas y dejas que te conozcan por ello.


La manera de actuar nos hace diferentes porque vivimos y sentimos diferente

Para suerte o para desgracia de nuestra vida recordamos momentos y situaciones que nos marcan para siempre y, acertadamente, son estos los que cuando salimos de ellos o nos vemos obligados a salir, nos transforman. Esas pequeñas grandes cosas que nos señalan un punto en nuestra historia son las que nos enseñan y las que se han convertido en caminos de aprendizaje individuales.

“No importa lo que digas ni cómo te justifiques; eres lo que haces. Tus comportamientos hablan por ti, te delatan, te señalan”

En muchas ocasiones estos caminos de aprendizaje dependen de la voluntad y la garra que le consigamos poner a la vida, también a las consecuencias de nuestros actos, a un poco de suerte y valentía, a algo de ayuda externa, etc. Sin embargo es eso lo que somos y en función de lo que somos, nos comportamos.



Este rasgo inherente se refleja muy bien en aquello de que eres lo que haces y lo que piensas y si no son compatibles no eres creíble. Es evidente que no, porque no podemos desprendernos de todo eso que llevamos dentro, que nos hace diferentes y que solo podemos sentir de una determinada manera nosotros. Nuestras emociones nos hacen únicos y la raíz de la que surgen también.
La prudencia es una gran amiga

Las emociones de las que hablábamos son algunos de los matices más delicados que tenemos por lo que, siempre que queramos acercarnos a alguien y comprenderlo, la mejor herramienta es la prudencia. La prudencia para con los demás es tan necesaria por aquello de que actúas poniéndote en el lugar del otro, cambiando de perspectivas.

Nunca sabemos lo que podremos encontrar detrás de los demás porque la mayoría de las veces nos quedamos en lo superficial de su comportamiento, sin querer darnos cuenta de que hay más cosas que no vemos y en lo que deberíamos fijarnos. Cómo actúas habla de ti, pero no lo es todo.

Si llegamos más allá, si viéramos desde otras perspectivas podríamos encontrar grandes personas que no creeríamos encontrar en un primer momento. Esto es lo bonito de encontrarnos sin buscarnos: conocernos, dejarnos ver y entendernos. Saber todo lo que hemos vivido por separado, nos une.

“Si hemos nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar”



sábado, 7 de noviembre de 2020

Tres tipos de hombres que nunca deberían ser tu pareja



Ni los hombres, ni las mujeres somos perfectos. 

Estamos lejos de serlo. Todos estamos llenos de defectos y pasamos por momentos en los que realmente somos complicados de aguantar hasta para las personas que más nos quieren.

 Sin embargo, hay rasgos de la personalidad que pueden resultar altamente contraproducentes para las relaciones afectivas que van más allá de una serie de momentos puntuales.

El problema viene dado por dos realidades: nunca terminamos de conocer del todo a una persona y las personas cambian. Un hombre puede resultar absolutamente encantador en un comienzo, pero quizás luego tengas que preguntarte a dónde ha ido ese príncipe azul.

 O al contrario: alguien puede parecerte completamente aburrido y, con el tiempo, encuentras en él un encanto escondido.

“Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única”

Lo que sí es cierto es que algunas personas tienen una manera de relacionarse con su afectividad y con la del resto muy desadaptativa. 

Quizás no pueden amar, o no toleran ser amados, o están atrapados dentro de su propio infierno de culpa, resentimiento o temor. 

En esos casos, salvo que obres un milagro la relación terminará fracasando.

Así, a continuación te presentamos a tres tipos de hombres que es mejor que mantengas alejados de ti.

Los hombres que van de un extremo al otro

Son ese tipo de hombres que pasan de la mayor ternura a la máxima agresividad, en muchas ocasiones sin que haya hechos que ameriten este cambio.

 Nunca te explicas realmente qué pasó. Simplemente, un día se muere de amor por ti y te llena de halagos y caricias, pero al día siguiente te rechaza de una manera ácida y, a veces, cruel.


Este tipo de hombres son agotadores emocionalmente. Tienen un profundo conflicto consigo mismos, que no han superado. 

Son bastante egocéntricos y por eso no tienen en cuenta los efectos que causan en ti. Lo cierto es que no están listos para tener una relación afectiva contigo, ni con nadie.


Los hombres que tienen por costumbre mentir

Hay muchas formas de mentir. La más obvia es hablar acerca de hechos o situaciones que jamás han ocurrido. Pero vivir en función de aparentar, prometer y no cumplir, acomodarse a circunstancias con las que no se está de acuerdo, también son manera de incurrir en la falsedad.


Al mentiroso generalmente se delata, no por la forma que te miente a ti, sino por cómo lo hace con los demás. Si lo hace con otros, ¿por qué no iba a hacerlo contigo? 

Muchas veces esas mentiras no son fáciles de detectar, porque hay hombres que son verdaderos profesionales de la simulación. De ahí que sea tan importante que nos fijemos en cómo se comporta con los demás.

Alguien que miente constantemente va a hacer imposible que crezca la confianza en la relación. Pronto te verás a ti misma haciendo pesquisas exhaustivas para atraparlo. O husmeando en sus cosas para ver si te engaña. Con los hombres compulsivamente mentirosos es imposible construir una relación que valga la pena.
Los hombres que te hacen sentir inhibida

Son esa clase de hombres con los que sientes como si todo el tiempo estuvieras pisando cáscaras de huevo. Suelen ser muy críticos con lo que haces, o dices, e incluso con la forma en la que vistes. Este rasgo es propio de quienes tienen mucho éxito o dinero y buscan simplemente una compañía que se comporte tan y como ellos quieren.


Lo cierto es que siempre te sientes evaluada y, generalmente, descalificada. Piensas cada cosa veinte veces antes de decírsela

. Mides muy bien la forma en que te comportas cuando él está contigo y permaneces en una actitud tensa, que no te deja ser espontánea. 

De pronto, te vuelves una persona muy silenciosa cuando estás en su presencia; o hablas, pero siempre estás atenta a la expresión que tenga frente a tus palabras.

En los casos más extremos, estos hombres controladores y narcisistas, también terminan siendo violentos.

Creen que el mundo y todas las personas, especialmente su pareja, deben comportarse como a él se le ocurre que deben hacerlo. Lo suyo es la intimidación, bien sea con sutiles juegos psicológicos o con coacciones físicas directas. Con esta clase de hombres jamás podrás ser feliz.