De Todo Un Poco

sábado, 19 de octubre de 2019

Cuando las cosas van mal… Despierta tus fortalezas psicológicas


Cuando nuestra realidad se complica y todo empieza a ir mal, necesitamos calma. En nuestro interior hay una fortaleza psicológica esperando despertar para aportarnos equilibrio, serenidad y habilidad para reaccionar de manera creativa.
Cuando las cosas van mal, de nada vale huir o tomar un camino contrario. Más allá de lo que nos han hecho creer, la dificultad hay que transitarla, caminar con ella el tiempo que sea necesario, hasta que se disipe y nos abandone definitivamente. Ahora bien, hay que hacerlo de manera activa y proactiva, despertando esas fortalezas psicológicas que todos tenemos en nuestro interior.
A todos nos suena un viejo dicho que dice aquello de que cuando las cosa van mal, pueden ir peor. Es cierto. Por mucho que nos sorprenda hay un hecho real en esa idea, y es que cuando la vida se pone complicada, en caso de no actuar de manera adecuada, se puede dar paso a otros problemas inesperados a causa de esa pasividad o de un afrontamiento erróneo.
Ahora bien, decía la escritura Marguerite Duras que, en realidad, los errores no existen, solo son actos extraños que cometemos de vez en cuando para aprender y encauzar nuestros caminos de mejor modo. Esa es la clave, entender que, por muy difícil que veamos nuestra realidad en un momento dado, siempre estamos a tiempo de sacar los recursos psicológicos más adecuados, las respuestas más acertadas.
El secreto está en no huir, en no mirar atrás y capacitarnos como seres humanos hábiles para dar forma a nuestra mejor versión. Esa donde, como decía el ensayista Joseph Joubert, no dejar que los problemas se instalen para siempre en el sillón de nuestras casas.

«El cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor».


Cuando las cosas van mal… ¿qué puedo hacer?

Todos hemos leído o escuchado esa frase de «cuando las cosas van mal, no vayas con ellas». Es una idea bienintencionada, es cierto; sin embargo, desde un punto de vista psicológico, la realidad es otra. A menudo, estamos más que obligados a pasar un tiempo determinado con esas cosas adversas, porque la dificultad no se escampa de un día para otro. Lleva su tiempo, por lo que es bueno estar preparados para cohabitar durante una época más o menos extensa con los problemas, hasta lograr resolverlos.
No obstante ¿cómo hacerlo? ¿qué podemos hacer cuando aparecen esos giros de sentido en nuestro presente? Lo señalábamos al inicio, debemos despertar nuestras fortalezas internas, esas de las que nos habló Martin Seligman en su teoría sobre las claves de la felicidad.
Veamos ahora tres pasos sobre los que reflexionar.

1. Lo más importante: el estrés emocional

Cuando las cosas van mal, podemos alcanzar ese instante en el que nos sentimos superados. Es como si no tuviéramos control sobre nuestra realidad y todo, absolutamente todo, se complicara por momentos. Esta sensación está producida por el estrés emocional, un estado interno capaz de bloquear el ánimo, los pensamientos y nuestra capacidad para reaccionar.
Así, estudios, como los llevados a cabo por la doctora Elyse Dam Glausser, de la Universidad de Universidad de Lausana (Suiza), nos indican que esa falta de regulación emocional es nuestro principal enemigo a la hora de sacar lo mejor de nosotros mismos. Por ello, para poder lidiar con la dificultad y para pensar en soluciones más creativas, necesitamos seguir estos pasos:
Acepta tus emociones, identifícalas, dales nombre.
Presta atención a los pensamientos que se vinculan a esas emociones (me siento tan angustiado que pienso que las situaciones o los problemas actuales solo pueden derivar en catástrofes).
Practica la respiración profunda y detén esos pensamientos. En esos instantes de estrés, quien manda en tu mente es la amígdala. Es ella quien te envía señales con sabor a miedo y angustia. Activa tu corteza prefrontal, ahí donde se dirige el pensamiento lógico y racional. En estos casos, técnicas, como el mindfulness, pueden ayudarte.

  • 2. Corrige patrones de pensamiento que supongan un obstáculo
Las personas estamos hechas de células, nervios, huesos y también de creencias, algunas de ellas erróneas. Hablamos de esas ideas que ponen palos en las ruedas de nuestras ideas, cepos en cada paso que damos; una voz interna nos dice que todo saldrá mal, que cierta persona hizo lo mismo y fracasó o que lo mejor, en ciertos casos, es no hacer nada y dejar que la tempestad escampe empujada por el tiempo.
Nuestra mente puede ser nuestra peor enemiga cuando las cosas van mal. Por ello, aquí la reestructuración cognitiva es una técnica que nos puede ayudar mucho. ¿En qué consiste? Implica básicamente detectar esas creencias, actitudes y esquemas negativos o bloqueantes y apagar su poder. Hay que reescribir muchos de esos enfoques internos e inyectarles de creatividad y esperanza.

3. Acepta, transforma y proyecta

Decía Séneca que la adversidad es la mejor ocasión para que emerjan nuestras virtudes. Estamos acostumbrados a que nos digan eso de que, cuando las cosas van mal, hay que ser fuertes, pero en realidad, más que fuertes hay que ser valientes y creativos; ese es nuestro potencial, esas nuestras mejores virtudes.
De este modo, para transitar por esas épocas de dificultades, lo ideal es asumir tres pasos. El primero, aceptar lo que nos ocurre. El segundo, ir haciendo pequeños cambios para transformar nuestro presente. Se trata de crear pequeños avances que poco a poco, darán sus frutos en su momento. Por último, una herramienta muy acertada es pensar en qué queremos para nuestro futuro.
De poco sirve dirigir la mirada en el pasado, en lo que teníamos ayer. Cuando las cosas van mal hay que planear, proyectar, idear pequeños objetivos que nos lleven poco a poco, hasta ese horizonte más idóneo.
Para concluir, solo insistir una vez más en que estos procesos no son fáciles ni rápidos. A veces damos un paso adelante y otro hacia atrás. Se trata en esencia, de ser persistentes, mantener la calma y dejar que emerja nuestra mejor versión.♣♣♣


Cuando aceptas e integras tus polaridades te vuelves más TÚ


Cuando aceptas e integras tus polaridades te vuelves más TÚ. Te vuelves genuino y auténtico. Entras dentro de ese camino recto que siempre te conduce a tu esencia más pura. Un camino que siempre nace en ti y vuelve a ti.
Pero, ¿qué entendemos por polaridades? Las polaridades hacen referencia a los extremos de un mismo continuo. Extremos que son opuestos entre sí. Si uno es la luz, el otro es la sombra. Si uno es la pasividad, el otro es la acción. Cuando uno es claro, el otro es oscuro. Hablamos, por tanto, de los extremos que posee un mismo continuo.

En un plano más psicológico podemos encontrar ejemplos de estas polaridades en las siguientes parejas: Tristeza-Alegría, Euforia-Tranquilidad, Extroversión-Introversión, Feminidad-Masculinidad… seguro que ya comprendes a qué me refiero e incluso puedas completar tú la lista. Además es probable que hayas vivido desde dentro de ti cada uno de esos opuestos. ¿Quién no se ha sentido triste y alegre? ¿Quién no ha estado eufórico alguna vez a pesar de ser alguien, por lo general, tranquilo?
Aunque la cultura contenga parte de tus polaridades, ellas siguen estando en ti
Las polaridades nos hablan de la vida en toda su extensión. Nos hablan de lo que la vida ES y de lo que la vida DA. Si en la vida hay esto, también habrá lo otro. ¿Buscas luz? Te daré oscuridad también. Poder ver estas polaridades y cómo nos influye situarnos en un extremo u otro forma parte de nuestro crecimiento personal.
La cultura, las normas sociales, la herencia familiar, los mandatos disfrazados… silencian y maltratan en ocasiones a un lado del continuo, a un extremo de la pareja. Silencia un lado de la polaridad. Amputa nuestra esencia, en muchas ocasiones no dejándola crecer. Como un brote de hierba que lucha por salir, pero siempre es cortado. La energía que ocupa queriendo salir es totalmente amputada por la herramienta que corta.
Sin embargo… la energía sigue ahí. Y si no sale de manera natural, saldrá de otras maneras menos sanas y más violentas. Esto es lo que ocurre con nuestras polaridades. Cuántas veces te habrás sorprendido a ti mismo al verte agresivo e hiriente, cuando quizá la imagen que tienes de ti es la de una persona tranquila y paciente. Cuántas veces te has sorprendido al verte calmado y sosegado, cuando te consideras como alguien nervioso y fácilmente excitable por su entorno.

Identificarnos solo con una parte de la polaridad es negar nuestra autenticidad

Esa es tu autenticidad, esa es tu verdadera genuinidad. Tú eres ambos extremos. Eres agresividad y eres delicadeza, eres tranquilidad y nervio. Eres luz y eres sombra… Normalmente nos posicionamos en un extremo del continuo negando con total convicción la existencia del otro extremo. «¡Yo soy muy tranquilo, nunca me enfado!» «Yo soy muy independiente y no necesito ayuda».
Y es en ese momento, en que el negamos parte de nuestra naturaleza, cuando criticamos duramente en el otro. Si no soy capaz de aceptar lo que repudio de mí y lo que la sociedad me insta a repudiar, lo veré y lo repudiaré en los demás. Pero… no en mí, porque eso «no soy yo». «Porque yo soy muy tranquilo y nunca me enfado». Sin embargo, cuando veo que otros lo hacen hierve mi ser y explota.
Nos identificamos con aquellas partes de las que nos orgullecemos o con aquellas partes que la cultura en la que vivimos refuerza. Ser hombre y «ser femenino» (lo que la sociedad considera ser femenino) a veces se percibe como algo extraño en determinadas culturas. Sin embargo, en otras es algo totalmente normal y natural.

Si nos apropiamos de lo que negamos, ya no lo proyectaremos fuera

Una vez que reconocemos nuestros extremos podemos aceptarnos. Cuando nos aceptamos dejamos de proyectar en el otro aquello que no nos gusta de nosotros, incluso cuando existe podemos llegar a entenderlo sin juzgarlo. Lo contemplaremos con tranquilidad y sin sentirnos turbados. Ya que no estaremos proyectando lo que no nos gusta de nosotros, simplemente lo estaremos contemplando.
«Tú no ves lo que eres, sino su sombra»


 Trabaja por tu genuinidad, por integrar tus polaridades. Cuanto más te aceptes menos rechazarás al otro. Cuantos menos prejuicios tengas, más libre serás. Cuanto más te aceptes, más podrás trabajar contigo mismo desde el cariño para mejorar, eliminado la necesidad de proyectar lo que no te gusta en los demás.♣♣♣

7 estrategias que desactivan los pensamientos negativos



Es fácil caer presa de una dinámica de pensamientos negativos, especialmente cuando hemos acumulado varios y hemos generado una inercia que afecta sobre todo a los filtros que utilizamos para procesar la información. Los pensamientos de los que hablamos pueden encadenarse de la misma forma que engorda una pequeña bola de nieve que dejamos rodar pendiente abajo. Así, un pequeño e inocente pensamiento, liberado sin consciencia ni intención, puede terminar convirtiéndose en un gran coloso que contamine todas nuestras emociones, conductas y al resto de pensamientos.
Como la fuerza de la bola que cae sin control, cada vez más grande, cada vez más rápida, los pensamientos negativos nos drenan de energía y nos arrebatan la fuerza. Y cuanto más te entregas a esos pensamientos negativos, más fuertes se vuelven. Es más, de la misma manera que es más difícil de detener esa pequeña bola de nieve cuando ya ha rodado varios metros sobre el valle y ha ganado en tamaño, también lo es detener una bola de pensamientos negativos que ya ha comenzado a rodar.

Así, intervenir a tiempo para parar el rodar de la esfera puede ser una gran estrategia para después no tener que hacer un gran esfuerzo para lograr el mismo objetivo.
  ¿Qué hacer con los pensamientos negativos?



La vida nos presenta desafíos, muchas veces sin darnos una tregua y sin tener en cuenta los recursos con los que contamos. Tener pensamientos negativos o derrotistas ante este panorama es normal. Sin embargo, alimentarlos, retenerlos o incluso perseguirlos disminuye la calidad de vida y envenena la imagen que tenemos de nosotros mismos. ¿Qué necesidad tenemos de atacar de esa manera nuestra autoestima?
Los pensamientos negativos forman las paredes de tu propia cárcel, una cárcel que creas para ti mismo. Liberarte de tu prisión es tan simple como cambiar tu manera de pensar.
 El pensamiento negativo en ocasiones duele y en muchas otras condiciona nuestras conductas. Puede hacernos actuar de manera desesperada cuando no hay necesidad o incluso incentivar la posibilidad de tirar la toalla cuando por recursos y habilidades todavía tendríamos mucho que decir. En definitiva, los pensamientos negativos suelen condicionar nuestras decisiones y no precisamente para bien.

Saber detenerlos a tiempo

Entonces, ¿por qué alimentamos el pensamiento negativo cuando sabemos que nos hace daño? El problema empieza cuando nos saltan los primeros pensamientos negativos y no los tratamos bien. En definitiva, cuando la bola es pequeña y no ha contaminado a todo lo que toca. Por ejemplo, hay personas que tratan a los pensamientos negativos, o mejor dicho, a la ansiedad que producen «atracando» la nevera. Una estrategia que suele generar todavía más pensamientos negativos, en este caso respecto a nuestra capacidad de auto-control y a nuestro cuerpo.
Con este tipo de pensamientos se da otro fenómeno curioso: incluso aunque seas consciente de que tienes que olvidar ese pensamiento, es muy difícil desactivarlo. Cuanto más piensas en olvidarlo más presente lo tienes. Y ahí te quedas, rumiando una idea que no solo te hace pasar un mal rato, sino que puede llevarte a comprometer gravemente tu salud mental.
Cómo desactivar el pensamiento negativo

Entonces, ¿cómo eliminamos este pensamiento negativo?  En realidad, no se puede evitar el pensamiento negativo por completo. A veces, los pensamientos negativos solo son una chispa en nuestra mente. Cuando esto sucede, debemos ser conscientes, para que inmediatamente podamos reconocerlos y de ese modo saber cuándo estamos pensando negativamente.
Solo siendo conscientes de nuestros pensamientos negativos podemos tomar medidas para desactivarlos.
Las siguientes estrategias te permitirán desactivar el pensamiento negativo y te facilitarán la tarea de pensar en positivo.

1.- Observa tu pensamiento

Los pensamientos negativos son generalmente producto de distorsiones cognitivas, o patrones de pensamiento irracional. Obsérvalos como si fueras un espectador. Si no dejas que se apoderen de tu mente simplemente se disiparán. Visualízalos como si fueran troncos que viajan río abajo. Tarde o temprano los perderás de vista. Acepta tus pensamientos negativos y déjalos marchar.

También puedes pensar que son como nubes. Los observas pero no los juzgas, de esta forma, no te implicas emocionalmente y no te activas fisiológicamente. Estableces una distancia entre tú y el pensamiento y caes en la cuenta de que no eres tu pensamiento. Para ello, la técnica de mindfulness, sería muy beneficiosa.

2.- Replantea cualquier cuestión que estés rumiando

Las rumiaciones son patrones de pensamiento excesivo. Cuando rumiamos una idea lo hacemos convencidos de que podremos solucionar algo solo por pensar más en ello. Algo que, por lo general, es inútil. Debes despejar lo que hay de verdad en tus pensamientos y desechar lo que has creado tú en tu mente antes de empezar buscar una solución. No te extrañes si después de eliminar la fantasía te encuentras que no hay ningún problema, más allá del que has creado tú mismo.
Para ello lo ideal es observar el pensamiento sin juzgarlo. ¿Por qué? Por al juzgarlo nos implicamos, le damos un juicio de valor subjetivo. Si lo observamos sin prejuicio, veremos la realidad tal cual es. De este modo, no nos iremos por las ramas pensando una cosa u otra o elaborando diferentes películas en nuestra mente que solo nos llevan a estados de tristeza.

3.- Muévete y actúa físicamente sobre tu pensamiento

Cuando te encuentres atrapado en un pensamiento negativo ponte en movimiento. Cambiar el chip para despertar pensamientos positivos no es tan fácil cuando tu mente está ocupada buscando la manera de sufrir. Es un gran momento para salir a dar un paseo, salir a correr, bailar o practicar yoga. No te pares a pensar -tienes la mente muy ocupada-, simplemente dejar que tu cuerpo tome las riendas y lleve a tu mente a otra parte.
El hacer ejercicio aumenta los niveles de serotonina y reduce el cortisol, es decir, aumenta la felicidad y reduce la ansiedad. Por lo que ponernos en movimiento cuando nos invaden pensamientos negativos, es una gran idea que, sin duda, nos traerá bastantes buenos resultados.

4.- Evita los disparadores de pensamientos negativos

Una canción, una imagen, una lectura, lo que ves en la televisión, la compañía de ciertas personas… En cuando descubras qué estímulos desencadenas tus pensamientos negativos, evítalos. Y, en la medida que puedas, sustitúyelos por otros que despierten en ti sensaciones agradables. No te martirices ni te lo pongas más difícil.

5.- Rodéate de gente positiva y experiencias agradables

Si lo que ves, lo que escuchas y lo que lees es positivo, si la gente que te rodea es positiva, será más fácil mantener el pensamiento negativo lejos. Cualquier disparador de pensamiento negativo será más fácil de desactivar si el optimismo te rodea. Los estímulos que nos acompañan en nuestro día a día son muy importantes a la hora de general una buena atmósfera. Así que lo mejor será intentar buscar aquello que nos aporte bienestar.

6.- Repite afirmaciones positivas donde antes pensabas en negativo

El pensamiento negativo suele ser un hábito aprendido. Así que, en vez de dejarte invadir por cualquier pensamiento negativo habitual, adquiere el hábito de pensar en positivo en esas circunstancias. Para recordarlo o reforzarlo, puedes tenerlo presente, escrito en un papel, en tu ropa, en el fondo de pantalla de tu ordenador o de tu móvil, o incluso en tu propia piel.

7.- Recuerda que nadie es perfecto y sigue adelante


Es fácil detenerte en tus errores. Pero lo único que puedes hacer es aprender de ellos y seguir adelante. Nada va a cambiar por mucho que rumies. Y si lo que despierta tus pensamientos negativos es una debilidad o una limitación, céntrate en tus fortalezas y en tus virtudes. Si no puedes cambiar lo que hay, sácale el máximo partido a lo que tienes. Poseemos el potencial de aprender de cualquier situación por muy adversa que parezca. Así que si cometemos un error, en lugar de fustigarnos, mejor aprender de él.
Los pensamientos no durarán para siempre
Los pensamientos negativos son fugaces y temporales, salvo que nosotros hagamos por lo contrario. No tienen poder real propio, pero pueden hacer mucho daño si les damos la oportunidad para crecer. Un pensamiento no tiene otro poder que el que tú le das. Los pensamientos negativos ganan impulso cuando se activan. Desactivarlos después es una tarea difícil: ya no es un pensamiento, hablamos de una dinámica.
Cada uno es responsable de la manera que tiene de gestionar sus propios pensamientos. Da igual por qué ese pensamiento surgió: lo importante es que puedes apagarlo y que puedes generar un entorno adecuado para que ese tiempo de pensamientos se reduzcan. La clave pasa por detectar esos pensamientos negativos antes de que tengan tiempo de atrincherarse en tu cabeza y conquistar aliados.♣♣♣

lunes, 14 de octubre de 2019

No mendigues la atención de nadie y mucho menos amor



No mendigues amor a quien no tiene tiempo para ti, a quien solo piensa en sí mismo. No lo hagas nunca. No te merece quien te hace sentir invisible e insignificante con su indiferencia. Te merece quien con su atención te hace sentir importante y presente.
El amor se debe demostrar, pero nunca jamás se debe mendigar. El hecho de tener que hacerlo es el más fiel de reflejo de la injusticia emocional, del desequilibrio que vive el sentimiento que cimienta una relación.
Te merece aquel que dice menos pero hace más. No te merece quien solo te busca cuando te necesita sino quien está a tu lado cuando le necesitas y no solo cuando su interés se lo permite. Te merece quien sin esperar nada te lleva dentro, te siente y te hace sentir importante en su vida.

Al final es simple, la persona que te merece es aquella que teniendo la libertad de elegir, se acerca a ti, te aprecia y te dedica tiempo y pensamientos.

 No existe la falta de tiempo, existe la falta de interés


Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad.
También dicen que quien mucho se espera, se decepciona y sufre. Así que tenemos que revisar nuestras expectativas y meternos en la cabeza aquello de “no esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”.
Porque las esperanzas y las expectativas son muchas veces (sino todas), la base de los fiascos emocionales y, por lo tanto, de percibir que como falta de interés las actitudes de los demás.
Cuando percibimos lo que los demás hacen o dicen como un fraude, realmente llegamos a sentir dolor. Un dolor emocional que a nivel cerebral se comporta de la misma forma que el dolor físico.
En este sentido cabe hacer un apunte importante y es que debemos darle al malestar psicológico la importancia que tiene. No se nos ocurriría ignorar fuertes punzadas en el estómago o un tremendo dolor de cabeza constante.
Así que, ¿por qué deberíamos ignorar el dolor emocional? No podemos dejar que el tiempo lo cure sin más, tenemos que trabajar sobre él y extraer las enseñanzas que nos brinda del mismo modo que dejaríamos de tomar chocolate si descubrimos que es el causante de nuestro malestar estomacal.

Esto es muy importante porque socialmente se tiene la falsa creencia de que el malestar psicológico es signo de debilidad y de que, al mismo tiempo, el tiempo curará las heridas sin necesidad de “desinfectarlas” ni de poner vendas o parches para evitar que sangre.



Dedícale tiempo a la gente que se lo merece y que te hace sentir bien. No mendigues la atención, la amistad ni el amor de nadie. Quien te quiere, te lo demuestra tarde o temprano. Por eso, si vives en una situación de injusticia emocional tan alarmante, recuerda:
A quien no te llame y no conteste tus llamadas, no le llames. No busques a quien no te extrañe. No extrañes a quien no te busca. No escribas, no te sometas al castigo de la indiferencia que demuestran mensajes ignorados o silencios infundados.
No esperes a quien no te espera, valórate y deja de mendigar y de rogar amor. Porque, como hemos dicho, el amor se debe demostrar y sentir, pero jamás implorar. Tu cariño debe ser para quienes te quieren y te comprenden sin juzgarte.
Y sobre todo no te olvides del valor de tu sonrisa ante el espejo, quiérete y valórate por todo lo que eres y no por lo que alguien que no te merece te hace entender. Ámate bien y date cuenta de que el hecho de que alguien te descuide no quiere decir que tú no debas hacer lo imposible por rodearte de personas que te quieran en su vida.♣♣♣