De Todo Un Poco

lunes, 15 de marzo de 2021

Brillar desde dentro: el valor de las fortalezas personales


El primer paso para brillar con luz propia es el reconocimiento de las propias fortalezas personales. ¿Sabes cuáles son las tuyas?

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El método de las 7 C para lograr objetivos


En muchas ocasiones, estamos tan enfocados en lo que ocurre a nuestro alrededor que nos olvidamos de los protagonistas de esta historia: nosotros mismos. Para reconocer nuestro autentico valor conviene hacer un ejercicio de reconocimiento y fortalecimiento de nuestras fortalezas personales.

Aprender las fortalezas de carácter de cada uno y saber expresarlas tiene un impacto muy importante en nuestras vidas. Los beneficios del uso de las fortalezas personales en diferentes ámbitos como el físico, el emocional, el social y el espiritual son muchos. Por otro lado, estos ámbitos están relacionados con diferentes áreas.

Estas áreas vinculadas al nuestro bienestar físico y emocional son el significado que le damos a nuestra vida, la cantidad de emociones y relaciones positivas, el nivel de compromiso y nuestros logros. Este es el mapa que conforma nuestra realidad, nuestros estados de ánimo y la percepción de satisfacción con nuestra vida. Poder amplificar las diferentes zonas de nuestro mapa y crecer en lo positivo pasa por trabajar las fortalezas personales.


Expandir nuestras vidas

Estudios realizados a este respecto nos confirman que las técnicas que se centran en reconocer las fortalezas personales y corregir sus déficits afectan de manera muy positiva en el nivel de autoestima, de autoaceptación, la consecución de metas, la resiliencia e incluso la salud física.

Parece que queda poco margen de duda: las fortalezas de carácter son los únicos caminos hacia la consecución de esos objetivos positivos, que son en definitiva los que todo el mundo persigue: la percepción de bienestar.

Los seres humanos tenemos ciertos sesgos de pensamiento que nos hacen estar más afectados por los eventos negativos que por los positivos. Y lo hacen de una manera totalmente automática. Las emociones y las experiencias negativas se adhieren de forma muy cruel a nosotros mismos.

El trabajo personal sobre nuestras fortalezas ayuda a equilibrar esta ecuación. Las experiencias negativas están implícitas en el mero hecho de vivir; son necesarias, porque es la manera que tenemos de aprender, de motivarnos y de entrenar diferentes estrategias. Todas ellas nos ayudan a crecer.
Replanteando lo negativo

En ningún caso, estas experiencias negativas del pasado son las que nos definen. Nuestras fortalezas serán las que nos ayuden en circunstancias negativas futuras: nos hacen recordar que tenemos recursos propios disponibles y desarrollados para afrontar ese tipo de situaciones.

Hacer un buen trabajo con las fortalezas personales nos permite mantener un mayor grado de control en situaciones críticas. Se relacionan directamente con las habilidades de afrontamiento del estrés, fortaleciendo nuestro sistema inmunopsicológico frente a la depresión
.
¿Por dónde empezar?

La seguridad que nos aporta la certeza de contar con estas herramientas hace que toleremos, por ejemplo, mucho mejor la incertidumbre o que tengamos menos miedo a asumir riesgos. Ahora bien, ¿por dónde empezar?

El pasado es un buen escenario para sacar conclusiones: probablemente podremos volver a superar aquellos obstáculos que ya vencimos; por otro lado, hacer un buen análisis de alternativas a la hora de decantarnos por implementar una u otra solución será fundamental; muchas veces hay varias alternativas para llegar a un mismo sitio, pero solo una la que se adapta mejor a nuestras fortalezas.

Por otro lado, es importante diferenciar las fortalezas del talento. Para entender la terminología de este artículo, un talento tendría que ver con una predisposición innata, mientras que las fortalezas tendrían más que ver con el entrenamiento y el aprendizaje.





Las 24 fortalezas personales de Seligman

Martin Seligman nos ofrece un inventario de fortalezas personales, el VIA Inventor off fuerza, que mide el grado de cada una de las 24 fortalezas, organizadas en 6 virtudes o categorías:
Sabiduría y conocimiento, que contemplan fortalezas como la creatividad, la curiosidad, la apertura de mente, el deseo de aprender y la perspectiva
Coraje: vinculadas a la consecución de metas, como la valentía, la persistencia, la integridad y la vitalidad.
Humanidad: que incluyen conceptos como el amor, la amabilidad y la inteligencia social
Justicia: son fortalezas cívicas como la ciudadanía, la justicia y el liderazgo
Moderación: que son las que nos protegen contra los excesos, el perdón y la compasión, la humidad y la modestia, la prudencia, la discreción y la autorregulación.
Trascendencia: son las que dan significado a la vida, entre ellas encontramos el aprecio de la belleza, la excelencia, la gratitud, la esperanza, el sentido del humor y la espiritualidad.

Cada uno de nosotros posee cinco fortalezas que nos caracterizan. La finalidad del inventario creado por Seligman es el de conocer las fortalezas personales de cada uno de nosotros para poder reconocerlas en primer término y desarrollarlas y amplificarlas: de ello va a depender en gran medida nuestra propia felicidad y la fuerza con la que seamos capaces de brillar desde nuestro interior.



sábado, 21 de noviembre de 2020

¿Amor o dependencia?




 
¿Cuál es la frontera que marca la diferencia entre amor o dependencia? A veces cuesta un poco diferenciarlo, ya que en toda relación de pareja es habitual sentir cierto sentimiento de obsesión, de necesidad, de cercanía con la persona que amamos.

Pero todo tiene un límite y un equilibrio. Los espacios propios siempre son necesarios, al igual que la confianza, la comunicación y la empatía.

El problema empieza cuando aparecen pequeñas obsesiones o necesidades que son difíciles de satisfacer a cada momento. La obsesión por saber dónde está la otra persona, por saber qué piensa, qué siente, la ansiedad por tenerla controlada a través del móvil, del whatsapp, el miedo constante a ser abandonados…. ¿es esto quizá una enfermedad? Cuando el amor se transforma en obsesión y dependencia, ¿estamos quizá realmente enfermos?


Cuando nos preguntamos si es amor o dependencia lo que sentimos por una persona, tendríamos que analizar todas esas creencias que nos instan a dejar nuestra individualidad a un lado a favor de una relación amorosa

Expertos en relaciones de pareja como Walter Riso nos dicen que no, que no es una enfermedad, se trata de un término medio entre una adicción y un rasgo de personalidad particular. Una dimensión psicológica y comportamental muy difícil de superar o de afrontar.

A veces, ni siquiera la terapia puede ser útil. Podemos hablar irónicamente de mal de amores… aunque es algo mucho más serio, puesto que la adicción afectiva es la más difícil de superar.


Cuando el amor se transforma en adicción
Los expertos nos dicen que nadie está a salvo de sufrir este tipo de adicción. Puede que hayamos pasado por relaciones anteriores, que hayamos sufrido fracasos o separaciones acordadas donde no haya existido excesivo dolor. Hasta que un día, por una razón indeterminada, caemos en brazos de una relación que es completamente distinta. Que nos obsesiona y nos llena de miedos y ansiedad. La duda sobre si nuestra relación se basa en el amor o dependencia se hace presente.

Miedo a ser abandonados por la persona que amamos. Ansiedad ante la idea de no tenerlos a nuestro lado, una relación que llena toda nuestra mente y que gira completamente el motor de nuestra vida. Podemos ser nosotros los que caemos en este tipo de relación, o puede ocurrir sencillamente, que demos con una persona que presenta estos y otros rasgos aún más complejos. Más peligrosos.

En ocasiones, no es necesario tener un trastorno patológico o un perfil psicológico determinado para crear relaciones de dependencia con una persona. Aunque también hemos de tener en cuenta que hay perfiles con una marcada predisposición casi “preocupante” a la dependencia. Y es aquí donde pueden aparecer los verdaderos problemas.

Si te preguntas si es amor o dependencia lo que sientes por tu pareja, ten en cuenta que estos dos términos no son sinónimos entre sí, aunque así nos lo hayan hecho creer

Personas por lo general que presentan una baja autoestima y que llenan su mente de miedos, demostrando una desconfianza continua ante el otro creyendo que van a ser traicionados, abandonados o rechazados. Dimensiones que a veces, pueden derivar en agresividad. Debemos tenerlo en cuenta para saber si nuestra relación es de amor o dependencia.
Relaciones más destructivas que constructivas



Es necesario revisarse uno mismo cada día para darse cuenta en la situación en la que nos encontramos. Es muy común por ejemplo el “estar ciegamente enamorado/a”, y de pronto, percibir con un inquietud que uno está dejando de lado a la familia y a los amigos, que apenas tenemos vida social porque nos centramos exclusivamente en nuestra pareja, en su mundo, en sus necesidades…

Todo ello entra dentro del campo de la madurez emocional. Una persona madura, con autoestima y confianza en ella misma, no tiene por qué cercarnos con sus miedos y su control. La dependencia absoluta alza cercados a nuestro alrededor, barreras que no solo nos impiden movimientos, sino también espacio para nuestra mente, para nuestro crecimiento como personas individuales.

Lo esencial es que seamos capaces nosotros mismos de decirnos lo siguiente:


“Puedo vivir sin la otra persona. Puedo hacerlo porque amo mi vida y me amo a mi mismo/a, porque soy capaz de de valerme y me gusta como soy. Pero sin embargo, sabiendo esto, elijo también amar libremente al otro, para crecer con él/ella, para hacer una vida juntos…. pero no atados ni sometidos”

Hemos de cultivar un realismo afectivo, donde exista el autorrespeto y autocontrol, podemos dejarnos llevar libremente por las pasiones del amor, pero guardando siempre nuestra integridad. La otra persona debe darnos su confianza y espacio propio para crecer como personas, al igual que nosotros lo haremos con nuestra pareja.

Todos somos vulnerables en una relación de pareja. No hay nada más caótico que el amor, lo sabemos. Pero siempre es necesario el equilibrio, la autoestima y la autoconfianza. Una relación se construye día a día y momento a momento, no dejemos que sea al contrario… que nos vaya destruyendo.



miércoles, 11 de noviembre de 2020

¿Qué busca el espíritu?


Cuando una persona se dispone a tomar su descanso diario, y se acuesta a dormir, está a punto de ingresar a un estado muy específico, puntual. Algunas religiones afirman que es el momento en el que alma se eleva, para salir a encontrarse con otros espíritus, muchos ya fallecidos. Está visto que dormir no es una simple acción de un humano, porque en ese acto, que encierra objetos, sentimientos, emociones, pero también transmiten un contexto de símbolos, influencias culturales, entremezcladas con creencias que traspasan lo que es un simple estado mental, físico o emocional. Y en medio te todo eso... ¿Qué influencia puede llegar a tener el alma de una persona que está soñando, al encontrarse con el alma de un espíritu fantasmal de un familiar o ser querido? ¿Puede acaso recibir esa persona que se encuentra en estado alfa, una ayuda específica de esa entidad venida del más allá?



Cuando una persona se va a dormir, se encuentra en un estado que se llama sueño profundo, que es el momento en el que las ondas cerebrales van pasando sucesivamente de beta a alfa, theta y finalmente, delta. Durante el sueño se producen ciclos que duran unos 90 minutos. Y es en ese período en el que, mientras muchos expertos afirman que es el tiempo en que una persona descansa, y los sueños son símbolos relacionados con sus actividades diarias. En cambio otros investigadores explican que el mundo de los sueños puede resultar una conexión a otros planos o mundos. Esos planos, inaccesibles a la conciencia, desmitifican aquello de que desde la noche de los tiempos se consideraba que los sueños en los que se aprecian seres fallecidos resultaban un signo trascendente que no se debía ignorar.



En cambio, todo hace suponer que los espíritus fantasmales de familiares y amigos desaparecidos aparecen en nuestros sueños con un mensaje, consejo o advertencia. Esto debe entenderse con el fin de evitar problemas innecesarios y a la vez guiar a esa persona con vida en el futuro inmediato.

Bien enfatizado

Se dice que si una persona sueña y no quiere olvidar lo que "observó" durante ese lapso, tendrá que anotar lo captado en los minutos inmediatos al despertarse. Caso contrario, aunque sí recuerde sintéticamente de que se soñó, difícilmente se acuerde de los detalles. Y si una persona sueña con un pariente o amigo, en muchísimos casos sucede que les queda la sensación de que ese ser fallecido potencialmente trataba de dar algún tipo de mensaje del más allá. Eso es potencialmente muy probable, en un alto grado, aunque no será fácil captar qué es lo que quiso avisar o decir, siempre en sueños. No hay dudas sobre el punto de vista sobrenatural de soñar con seres queridos fallecidos. Así, los psicólogos consideran que soñar con difuntos conocidos es apenas una manifestación de la depresión o sentimientos de culpabilidad. Interpretan que la aparición de espíritus fantasmales en el mundo onírico conforma parte de la psique que intenta contactarse con la persona viva. Estos sueños conforman una suerte de crecimiento o, por el contrario, resultan un impedimento para el crecimiento intelectual de la persona, que no logra poder avanzar en una cuestión en particular.

Más explicaciones

Los expertos en sueños también aseguran que es común soñar con recibir un mensaje de la persona fallecida. Este mensaje puede relacionarse con la psique inconsciente o un aspecto racional del soñador. El mensaje tiene información significativa pero no es tal como aparece. En el caso de que se trate de un mensaje negativo en ocasiones refleja los propios pensamientos del soñador, miedos y preocupaciones que no provienen de una fuente externa. Sin embargo, esto sueño puede estar mostrando como nos daña nuestros propios temores y preocupaciones a nuestro estado emocional y nuestra toma de decisiones.



Estas son las explicaciones que ofrecen todos aquellos que se creen expertos en sueños y que aseguran tener la llave para descifrar lo más oculto de nuestra psique. Pero la realidad es que tanto los libros actuales como expertos en sueños no prestan la suficiente atención a un matiz realmente importante: como personas queridas ya fallecidas aparecen en nuestros sueños para entregarnos un mensaje muy importante desde el más allá.

La interrelación

Es contundente y concreto que no existe evidencia científica alguna para certificar que los espíritus de personas fallecidas puedan visitar a sus parientes y amigos en sueños, lo que de todas formas no es descartado por la ciencia. Es que bastaría con consultar a miles de personas que han vivido esa sensación corpórea de estar conectados con esos seres queridos ya no están. Lo que deja en claro que esa vivencia resulta, como mínimo, potente, que marca al individuo vivo, y decididamente real. Para quienes practican la interrelación entre vivos y muertos a partir de la comunicación psíquica indican que este fenómeno está dado a ese vínculo que las almas de los vivos y la de quienes ya no están mantienen en un plano espiritual, lo que, para que se entienda mejor, iguala a todos y en ese plano, el “diálogo”, llamémoslo así, fluye naturalmente. Que el espíritu de una persona fallecida busque a sus familiares y amigos es, además, una advertencia de lo que puede llegar a suceder, habida cuenta que en esos planos el tiempo no parece ser el mismo que en el mundo real.

Diferentes formas

Una persona puede soñar con muchas cosas, de cualquier índole y tenor. Con un viaje, con un auto nuevo, con su mascota y hasta con sus propios actos. Pero cuando lo hace con un espíritu de un ser conocido, ese sueño no es igual. Habitualmente la comunicación con los espíritus fantasmales se da porque son estos los que fuerzan el encuentro y suele iniciarse con una charla en la misma habitación, con uno acostado y el otro “mostrándose”, aunque pueda resultar que ambos luzcan sentados. Incluso se dan casos en los que se activa una llamada de un celular, parta que el ser vivo reciba el “mensaje” de quien ha venido. Esas conversaciones generalmente duran poco Tiempo, pero la sensación es de absoluta realidad, como si lo que se está soñando es tan real que hasta se pueden sentir modificaciones de temperatura, habitualmente, con sensaciones de frío, de leve a extremo.

Es entonces que, a diferencia de los sueños “habituales”, esa vivencia quedará fácilmente marcada en la persona viva, que recordará mucho más que en esas difusas sensaciones recibidas en un sueño común, del que uno se despierta transpirado, con un cansancio inusitado y hasta molestias en varias partes del cuerpo.

En cambio, cuando hay un sueño en el que se “encuentran” un ser real con un espíritu fantasmal de un conocido o pariente, ese encuentro será entre solo ellos, y se producirá un extenso diálogo o el vivo se limitará a escuchar advertencias, consejos o simplemente detalles de algo que seguro, es trascendente para quien sueña. En este caso, la persona al despertar se sentirá bien, lo hará plácidamente, no sentirá agotamiento y sí mucha paz.

Potenciales razones

Los espíritus fantasmales tienen un sinfín de razones para aparecer materializados frente a sus seres queridos vivos. Las motivaciones pueden ser innumerables, pero en todos los casos marcan mensajes, que pueden ser de advertencia por algo que puede llegar a suceder, pero también para dar tranquilidad o protección, aunque también para culminar una historia y perdonar por alguna cuestión. Para tranquilizarnos, para transmitir un mensaje o una advertencia, o para alcanzar un acuerdo que termine con algún conflicto que hayan tenido en vida. En muchos casos, ese “acuerdo” termina con conflictos que pudieron perdurar por generaciones, aún en hechos de casos destructivos, odiosos o de conductas abusivas.



También puede tratarse de una advertencia, referida a cuestiones de salud. Incluso, ya inmateriales, esos espíritus fantasmales pueden llegar a ser consejeros psíquicos muy fiables, y como se pueden mover a través del espacio y el tiempo sin problemas, sus avisos resultan precisos, dado que se muestran sensibles a los problemas de salud que tienden a darse en familias. Pero, del mismo modo, esos espíritus en muchas oportunidades dan aviso de que la muerte se avecina, ya sea para la misma persona como para quienes lo rodean. Si una persona recibe un “aviso” de una entidad fantasmal conocida, suele tomarse como un alivio: Más allá de la vida hay alguien que lo va a estar esperando.

Asimismo, en muchos casos las entidades suelen utilizar como canales de comunicación a terceros, cuando el receptor no recibe el mensaje, o no reacciona ante esa condición. Entonces busca a alguien que advertirá ese mensaje.

¿Y si piden ayuda?

También puede suceder que esos espíritus fantasmales se encuentren en un problema, ya que no logran elevarse hacia una instancia superior, y están atrapados en planos intermedios. A través de sueños, esas entidades piden a los vivos que activen mecanismos mucho más sencillos de lo esperados. A veces, un simple perdón libera a esa alma, que entonces podrá elevarse. En algunos casos, cuando entre sueños, los vivos no logran entender qué les pasa a sus difuntos, siempre es bueno que ese paso lo pueda orientar un médium, aquel que sí logrará comunicarse con esa entidad y que les dará la respuesta que están esperando.



Las razones para que un pariente o amigo fallecido se acerque a quien duerme pueden ser en dos sentidos: advertencia o clemencia.



martes, 10 de noviembre de 2020

Las personas se definen por sus comportamientos, no por sus palabras


 
¿Cómo encontrar pareja si soy una persona tímida?
La vanidad: "yo, el mejor de todos"
¿Qué es la personalidad?


Es probable que muchas veces nos hayamos sorprendido e incluso decepcionado con los comportamientos de los demás. Esto, habitualmente, supone un antes y un después para nosotros, pues sentirnos defraudados es un duro golpe que cuesta asumir.

Cuando esto sucede puede que incluso nos resulte complicado concretar o definir la razón o razones por las que nos ha impactado tanto lo que alguien ha hecho o dicho. La cuestión es que nos da la sensación de que han intentado enmascarar sus verdaderas intenciones a través de las palabras.

Lo cierto es que en este sentido la gran mayoría de las personas somos bastante incoherentes, ya que solemos prometer cosas que no pensamos, que no podemos o que no queremos cumplir. Puede que, incluso, no nos demos cuenta de estos sinsentidos y que simplemente digamos lo que creemos socialmente aceptable sin pararnos a pensar si lo sentimos de verdad.


No nos definimos por lo que decimos, sino por cómo nos comportamos

Sea como sea, por la boca muere el pez. Esto tenemos que entenderlo en el sentido de que podemos decir lo que queramos, pero siempre teniendo en cuenta lo que de verdad sentimos y si vamos a poder llevarlo a cabo.

De hecho, diría que menos mal que la mayoría de personas no nos definimos por lo que decimos, porque sino viviríamos en un mundo demasiado ideal como para ser cierto. Es decir, que sería tan perfecto como falso.

Con esto queremos resaltar que es justificable e incluso deseable que cometamos estos errores, pues contribuyen a que nuestras relaciones sean más plurales y maduras. O sea, que la incertidumbre no es sinónimo de caos.

De todas maneras, aunque el mundo sería demasiado aburrido si todos fuésemos perfectos, sí que es verdad que tenemos que buscar alcanzar un punto intermedio en el que no todo esté premeditado ni deje de estarlo. En este sentido, debemos procurar ser lo más íntegros y coherentes posible, poniendo cuidado en no hacer daño a los demás ni fallar a nuestra autenticidad.


Que no te asuste desconocer a los demás.

                                           

¿Y qué has aprendido después de tanto dolor, de tantas traiciones? Entonces le respondí: “Aprendí a siempre sonreír”

A veces nos empeñamos en formar una imagen de los demás que nos atormenta. Generalmente las personas no son blancas o negras, sino que se tiñen de muchos colores en cada momento.


Solemos comportarnos de manera demasiado rígida cuando valoramos a los demás, lo que ocasiona que nos decepcionen con frecuencia. Sin embargo, es frecuente que no nos paremos a analizarnos a nosotros mismos, cometiendo el fallo de pensar que nuestros errores son menos graves y más pasajeros.

La solución se encuentra, en parte, en desligarnos de todas aquellas expectativas que hacen que nos castiguemos esperando de los demás cosas que nunca van a llegar. De hecho, es probable que incluso no sepamos ni qué esperamos al dar por hecho que alguien va a actuar como nosotros lo haríamos.

Aferrarnos a las expectativas de cómo deberían comportarse los demás es un acto normalmente involuntario pero que puede conllevar un gran sufrimiento. Ya que cuando su comportamiento no encaje con lo que habíamos proyectado en ellos, nos sentiremos decepcionados. Sin embargo, debemos ser conscientes que en realidad, no ha sido la otra persona la que nos ha fallado. Sino nuestra férrea creencia en que nunca se comportaría como lo ha hecho.


Somos seres de impulsos…

La verdad es que no es tan fácil ser coherentes cuando puede que en un momento dado a la mayoría de las personas nos ciegue la voluntad de nuestras emociones. Esta es una posibilidad que siempre está presente y que nos amenaza de manera constante.

De todas maneras, no nos engañemos, tenemos que trabajar para gestionar nuestras emociones de tal manera que impidamos que nos jueguen una mala pasada en los peores momentos.

Así, en cualquier caso, además de no definirnos por lo que decimos, puede que tampoco lo haga el cómo nos comportamos. Tenemos que procurar valorar cada situación de manera global y no decepcionarnos tan a la ligera con los demás o con nosotros mismos. El contexto juega un factor fundamental en la mayoría de las ocasiones. Para valorar una conducta es necesario tener en cuenta el contexto en el que se ha desarrollado esa conducta. Cuántas veces nos hemos preguntando: “¿por qué he hecho eso? No quería”.

Así pues, en última instancia, a veces, tampoco somos lo que hacemos. En ocasiones nos dejamos arrastrar por circunstancias externas e internas inadecuadas. Nos convertimos en un velero sin timón arrastrado por el viento y las olas perdido en mitad del mar.

No tenemos que castigarnos ni sentirnos culpables en exceso, pero sí que deberíamos evitar contar cuentos y hacer castillos en el aire. O sea, que una cosa es que errar es de humanos, y otra muy diferente es engañar, por lo que no podemos excusar la una en la otra.


La mejor manera de protegernos y curarnos de las malas experiencias es deshacernos de nuestras expectativas y de las imágenes que nos hemos formado.

Ni todo el mundo es bueno ni todos somos perfectos, por lo que nuestra reacción dependerá de que valoremos todo aquello que consideremos que puede influir.





lunes, 9 de noviembre de 2020

Dime cómo actúas y te diré qué has vivido


 
¿Cómo encontrar pareja si soy una persona tímida?
La vanidad: "yo, el mejor de todos"
¿Qué es la personalidad?

Tanto tú como yo como el resto del mundo somos distintos. Tú llevas tu pequeña gran historia dentro, los otros llevan la suya y yo la mía e, independientemente de conocerla o no, sentimos que la propia es mucho más real que las demás. Lo que quizás no sabes es que la manera en la que actúas habla mucho sobre lo que has experimentado.

Justamente, de forma inconsciente, magnificamos lo que hemos vivido y empequeñecemos lo que no: he comprendido conforme he ido creciendo que somos lo que hemos vivido y que, por eso, actuamos coherentemente con ello. Cuando sabemos lo que significan las cosas y los hechos es cuando realmente le damos el valor que tienen.
Me conoces cuando entiendes lo que llevo detrás

Por la misma razón por la que hablamos sin saber de muchos de los temas sobre los que nos dan oportunidad, nos atrevemos a opinar sobre las demás personas sin conocerlas. Es decir, hablamos, opinamos e incluso juzgamos porque no lo hemos vivido, porque la situación no nos ha tocado la piel a nosotros mismos.


Por todo esto, solo puedo saber quién es alguien realmente si se desnuda conmigo y actúa con toda su esencia: por encima de cualquier cosa su forma de comportarse, de hablar, de saber situarte en determinadas situaciones, de cómo actúas, es la mejor manera que tiene de enseñarme qué le forma como persona.

Tú eres el resultado de ti mismo, no culpes a nadie nunca, nunca te quejes de nadie ni de nada porque fundamentalmente tú has hecho lo que quieres de tu vida”

Lo cierto es que hasta cuando no hacemos nada nos ocurre algo. Es algo así como que la vida no nos da la oportunidad de no vivirla: ella ocurre y si tú no le sigues, te arrastra. No podemos dejar de vivir cosas y no podemos decidir que no nos ocurra nada. Lo que podemos hacer es representar con nuestros actos nuestro aprendizaje: actúas y dejas que te conozcan por ello.


La manera de actuar nos hace diferentes porque vivimos y sentimos diferente

Para suerte o para desgracia de nuestra vida recordamos momentos y situaciones que nos marcan para siempre y, acertadamente, son estos los que cuando salimos de ellos o nos vemos obligados a salir, nos transforman. Esas pequeñas grandes cosas que nos señalan un punto en nuestra historia son las que nos enseñan y las que se han convertido en caminos de aprendizaje individuales.

“No importa lo que digas ni cómo te justifiques; eres lo que haces. Tus comportamientos hablan por ti, te delatan, te señalan”

En muchas ocasiones estos caminos de aprendizaje dependen de la voluntad y la garra que le consigamos poner a la vida, también a las consecuencias de nuestros actos, a un poco de suerte y valentía, a algo de ayuda externa, etc. Sin embargo es eso lo que somos y en función de lo que somos, nos comportamos.



Este rasgo inherente se refleja muy bien en aquello de que eres lo que haces y lo que piensas y si no son compatibles no eres creíble. Es evidente que no, porque no podemos desprendernos de todo eso que llevamos dentro, que nos hace diferentes y que solo podemos sentir de una determinada manera nosotros. Nuestras emociones nos hacen únicos y la raíz de la que surgen también.
La prudencia es una gran amiga

Las emociones de las que hablábamos son algunos de los matices más delicados que tenemos por lo que, siempre que queramos acercarnos a alguien y comprenderlo, la mejor herramienta es la prudencia. La prudencia para con los demás es tan necesaria por aquello de que actúas poniéndote en el lugar del otro, cambiando de perspectivas.

Nunca sabemos lo que podremos encontrar detrás de los demás porque la mayoría de las veces nos quedamos en lo superficial de su comportamiento, sin querer darnos cuenta de que hay más cosas que no vemos y en lo que deberíamos fijarnos. Cómo actúas habla de ti, pero no lo es todo.

Si llegamos más allá, si viéramos desde otras perspectivas podríamos encontrar grandes personas que no creeríamos encontrar en un primer momento. Esto es lo bonito de encontrarnos sin buscarnos: conocernos, dejarnos ver y entendernos. Saber todo lo que hemos vivido por separado, nos une.

“Si hemos nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar”



sábado, 7 de noviembre de 2020

Tres tipos de hombres que nunca deberían ser tu pareja



Ni los hombres, ni las mujeres somos perfectos. 

Estamos lejos de serlo. Todos estamos llenos de defectos y pasamos por momentos en los que realmente somos complicados de aguantar hasta para las personas que más nos quieren.

 Sin embargo, hay rasgos de la personalidad que pueden resultar altamente contraproducentes para las relaciones afectivas que van más allá de una serie de momentos puntuales.

El problema viene dado por dos realidades: nunca terminamos de conocer del todo a una persona y las personas cambian. Un hombre puede resultar absolutamente encantador en un comienzo, pero quizás luego tengas que preguntarte a dónde ha ido ese príncipe azul.

 O al contrario: alguien puede parecerte completamente aburrido y, con el tiempo, encuentras en él un encanto escondido.

“Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única”

Lo que sí es cierto es que algunas personas tienen una manera de relacionarse con su afectividad y con la del resto muy desadaptativa. 

Quizás no pueden amar, o no toleran ser amados, o están atrapados dentro de su propio infierno de culpa, resentimiento o temor. 

En esos casos, salvo que obres un milagro la relación terminará fracasando.

Así, a continuación te presentamos a tres tipos de hombres que es mejor que mantengas alejados de ti.

Los hombres que van de un extremo al otro

Son ese tipo de hombres que pasan de la mayor ternura a la máxima agresividad, en muchas ocasiones sin que haya hechos que ameriten este cambio.

 Nunca te explicas realmente qué pasó. Simplemente, un día se muere de amor por ti y te llena de halagos y caricias, pero al día siguiente te rechaza de una manera ácida y, a veces, cruel.


Este tipo de hombres son agotadores emocionalmente. Tienen un profundo conflicto consigo mismos, que no han superado. 

Son bastante egocéntricos y por eso no tienen en cuenta los efectos que causan en ti. Lo cierto es que no están listos para tener una relación afectiva contigo, ni con nadie.


Los hombres que tienen por costumbre mentir

Hay muchas formas de mentir. La más obvia es hablar acerca de hechos o situaciones que jamás han ocurrido. Pero vivir en función de aparentar, prometer y no cumplir, acomodarse a circunstancias con las que no se está de acuerdo, también son manera de incurrir en la falsedad.


Al mentiroso generalmente se delata, no por la forma que te miente a ti, sino por cómo lo hace con los demás. Si lo hace con otros, ¿por qué no iba a hacerlo contigo? 

Muchas veces esas mentiras no son fáciles de detectar, porque hay hombres que son verdaderos profesionales de la simulación. De ahí que sea tan importante que nos fijemos en cómo se comporta con los demás.

Alguien que miente constantemente va a hacer imposible que crezca la confianza en la relación. Pronto te verás a ti misma haciendo pesquisas exhaustivas para atraparlo. O husmeando en sus cosas para ver si te engaña. Con los hombres compulsivamente mentirosos es imposible construir una relación que valga la pena.
Los hombres que te hacen sentir inhibida

Son esa clase de hombres con los que sientes como si todo el tiempo estuvieras pisando cáscaras de huevo. Suelen ser muy críticos con lo que haces, o dices, e incluso con la forma en la que vistes. Este rasgo es propio de quienes tienen mucho éxito o dinero y buscan simplemente una compañía que se comporte tan y como ellos quieren.


Lo cierto es que siempre te sientes evaluada y, generalmente, descalificada. Piensas cada cosa veinte veces antes de decírsela

. Mides muy bien la forma en que te comportas cuando él está contigo y permaneces en una actitud tensa, que no te deja ser espontánea. 

De pronto, te vuelves una persona muy silenciosa cuando estás en su presencia; o hablas, pero siempre estás atenta a la expresión que tenga frente a tus palabras.

En los casos más extremos, estos hombres controladores y narcisistas, también terminan siendo violentos.

Creen que el mundo y todas las personas, especialmente su pareja, deben comportarse como a él se le ocurre que deben hacerlo. Lo suyo es la intimidación, bien sea con sutiles juegos psicológicos o con coacciones físicas directas. Con esta clase de hombres jamás podrás ser feliz.



lunes, 13 de enero de 2020

Adoro la gente que te mira con los ojos y ve con el corazón


Me gusta la gente sencilla y trasparente, las personas que son capaces de darte el auténtico reflejo de lo que son con corazón, y que a su vez, te permiten ser tú mismo en cada instante. Sin lugar a dudas no es pedir demasiado, y por ello, antes de preocuparnos también en encontrar personas auténticas, debemos preocuparnos también en serlo nosotros mismos. No es adecuado esperar que nos ofrezcan sin saber ofrecer primero.Las personalidades que viven la vida desde el corazón son aquellas que no ocupan espacios, son hábiles constructores de puentes. Tampoco llenan vacíos, porque son artífices de las emociones más íntegras, de la humildad más auténtica.
Si en tu día a día conoces a alguien que enriquece la vida de la forma que sea: mediante el conocimiento, el apoyo diario, o esa complicidad que no se puede explicar con palabras, no la dejes ir.
No es fácil encontrar personas que de verdad conecten con nuestra esencia, y a su vez, nos hagan la vida más fácil sin pedir nada a cambio. Es preciso cuidarlos como el mejor de los tesoros, como el bien más preciado, porque quien vive una vida desde el corazón, solo puede ofrecer honestidad y reciprocidad. 


Habitantes del corazón, artesanos de la integridad y la empatía... Llevar una vida íntegramente desde el corazón no es fácil. Requiere en primer lugar haber recorrido un largo trayecto interior para adquirir un adecuado autoconocimiento. Solo así logramos aceptar a su vez a los demás como a nosotros mismos.
Quien no se acepta a sí mismo, carga frustraciones e inseguridades en su interior. Un alma habitada por múltiples vacíos no resueltos solo es capaz de ver en los demás sus propios defectos, sus propias carencias.
Como puedes intuir no es sencillo poder ofrecer esa apertura, esa sinceridad en la cual nos dejamos envolver recibiendo esa mirada de quien nos sabe atender, de quien entiende el lenguaje de la comprensión y de los pequeños detalles. Ahora bien ¿Qué características están implícitas en estas personalidades?
Hay quien piensa que las personas sinceras y auténticas «vienen de fábrica», que nacen con esa luz propia.
En realidad, muchas de ellas han pasado un largo recorrido en la vida del cual, han aprendido a hilar su interior, a crecer, a madurar en emociones, prudencia y entendimiento.
La base de quien sabe vivir desde el corazón es aquel que sabe mostrar empatía.
La empatía es el mejor tributo que nos ha ofrecido nuestro cerebro social. Yo soy capaz de reconocer emociones en los demás porque a su vez, reconozco y gestiono de forma adecuada las propias.
Quien es capaz de ofrecer esa apertura tan íntegra, ahí donde la mirada no atiende solo un rostro sino que sabe leer más allá del envoltorio físico, es capaz también de sentir en su propia persona lo que nosotros sufrimos, lo que nosotros vivimos.
Este tipo de «conexiones» tan excepcionales aparecen muy pocas veces. Ahora bien, al igual que es posible que dispongas de una o dos personas con estas características en tu círculo social, puede que también tú seas así: alguien que vive la vida desde el corazón.


Vivir la vida desde el corazón es sentir las heridas del mundo
En ocasiones, resulta más fácil vivir una existencia con una venda en los ojos y el corazón lleno de parches, evitando que sienta, protegiéndonos a su vez de sentimientos dolorosos. De algún modo, sería como seguir esa famosa premisa de «no sentir para no sufrir«.
Ahora bien, en realidad, siempre encontrarás mayor autenticidad en la gente que sigue su camino con pies seguros y sonriéndole al mundo, con fuerza y entereza, sin importarle si tiene rotos los huesos de su espíritu.
Podríamos decir que el verdadero conocimiento recae en esas personas que han sufrido en algún momento de su vida, y han sabido actuar con resiliencia obteniendo un aprendizaje, sabiéndose ahora más fuertes. Ahora bien, pero en ocasiones, esa fortaleza interior no significa en absoluto que seamos invulnerables al dolor ajeno.
Quien ha vivido algún suceso doloroso, ya sea una pérdida, una decepción o cualquier hecho traumático es más sensible a las heridas del mundo, a las emociones ajenas.
Sus miradas son más sabias y más hábiles a la hora de intuir, de notar, de percibir en nosotros ciertas inquietudes.
Si es tu caso, si eres una de esas personas acostumbradas a sentir en una alta intensidad el dolor ajeno, empatizando con quien te rodea, sabrás que el día a día puede no resultar tan fácil como muchos piensan.
La vida desde el corazón es más intensa, más pura y más noble, pero en ocasiones también duele. No es tu tarea salvar al mundo entero, no es tu obligación sanar más corazones que el tuyo


Ahora bien, tampoco podemos olvidar que a veces, no hay mejor bálsamo que el sentirse escuchado, atendido y comprendido. Si como dicen, el universo empieza siempre en nosotros mismos, la mejor forma de ofrecer amor es empezando por la comprensión. Vale la pena. 

situaciones que no debes aceptar en tu relación

En varios de nuestros artículos hemos hablado de la importancia y de la necesidad sana del ser humano de relacionarnos entre nosotros y tener una pareja. Construir una relación auténtica en la que vivimos y sentimos con libertad es uno de los placeres que todos deberíamos experimentar al menos una vez. No existen palabras para definir el grado de ilusión, seguridad y apoyo que puede aportarte una relación de pareja sana y placentera.

Cuando encontramos a la persona con la que gozamos de verdadero y sincero amor, podemos compartir nuestros sueños, deseos y alegrías disfrutando ambos de momentos preciosos, amando sin barreras y miedos.

Todo puede ser increíble dentro de una pareja pero es cierto que en ocasiones estas pueden volverse raras, diferentes y destructivas para los que la componen. Si esta situación tiene lugar es muy importante poner solución, actuar y no permitirlo.

Si tu pareja te hace sentir muy mal o te demanda excesiva atención con conductas poco usuales, necesitas poner remedio.

¿Cuáles son las 7 situaciones que no debemos aceptar en una relación?

– Que te controlen. Si tu pareja te pregunta dónde vas a estar o como te encuentras no implica necesariamente algo negativo, simplemente se está preocupando por tu persona y si te pudiese ocurrir algo. Si nos encontramos en una situación donde los límites de horario y barreras para estar con otras personas aparecen, entonces sí que debemos comenzar a preocuparnos y hablarlo. También es importante recordar lo esencial que es tener libertad para tomar nuestras propias decisiones dentro de una pareja y tener nuestra propia vida y su control, no que lo hagan los demás.


– Celos injustificados. ¿Tu pareja siempre está pensando que le mientes? Cuando se dan estas emociones por parte de la otra persona, este tipo de celos extremos tienen origen en la inseguridad de él/ella. Es verdad que todos nos sentimos inseguros en muchas ocasiones. Lo que también es cierto es el hecho de que esta inseguridad puede convertirse en un hábito negativo sobre tu persona desgastante.



– Que espere que cambies. Cuando amamos a alguien y decidimos tener relación con él/ella estamos aceptando como es tal cual, tanto lo bueno como lo menos positivo de su interior y persona. Amas todo lo que tu pareja implica y significa bajo un respeto mutuo. Por ello, no intentas cambiarle a menos que sea una situación obvia donde la persona pueda sufrir algún daño, etc… . Cada uno somos únicos e irrepetibles, consentir que cambien o modifiquen nuestra esencia no está permitido, y más en una relación nacida del amor.

– Discusiones poco saludables. Existen dos tipos de conversaciones: las sanas y normales, y las destructivas o tóxicas. Evitar aquellas discusiones donde ambos suben el tono de la voz, se intercambian palabras negativas o se busca hacer daño a la otra persona será necesario para crear una buena y sana relación. Aprendiendo a empatizar y dialogar evitarás que tu relación se convierta en lo contrario que buscas.

– Las mentiras. Las mentiras constituyen una de las formas más sencillas de arruinar una relación. La confianza es la base de cualquier relación y más de aquella que forma una parte tan esencial en nuestra vida. Mentir nos desgasta, nos destroza emocionalmente. Además, normalmente la persona que comienza a mentir tiene que seguir haciéndolo para dar credibilidad a la mentira que ha contado anteriormente, entrando así en un bucle difícil de parar.

– Que no te apoye con tus deseos y sueños. El apoyo, junto la confianza, constituye la base de cualquier relación. Si conocemos a una persona que no cree en nosotros mismos y duda de nuestra valía entonces debemos dejarle ir.

¿Por qué?

No debes permitir que nadie te quite las ganas de luchar por lo que te hace sentirte vivo: tus sueños. Si dejas que hagan eso, entonces no serás el dueño de tu propia y auténtica vida.

– Que solo te quiera por sexo. El sexo es un añadido más dentro de una relación. Si no te apetece tener relaciones sexuales con tu pareja, no tienes por qué sentirte mal o tener que llevarlo a cabo obligatoriamente. Debes decir no cuando no te apetezca o quieras. Siempre es bueno conversar y aclarar las cosas dentro de este punto, ya que el sexo es un acto de ambas personas nacido del respeto mutuo y el amor.




Adoro la gente que te mira con los ojos y ve con el corazón



miércoles, 1 de enero de 2020

El rechazo es la herida emocional más profunda


Hay heridas que no se ven pero que pueden arraigarse profundamente en nuestra alma y convivir con nosotros el resto de nuestros días. Son las heridas emocionales, las huellas de los problemas vividos en la infancia y que determinan en ocasiones como será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos.

Una de las heridas emocionales más profundas es la del rechazo porque quien la padece se siente rechazado en su interior, interpretando todo lo que sucede a su alrededor a través del filtro de su herida, sintiéndose rechazado en ocasiones aunque no lo sea.

Veamos con más detalle en qué consiste esta herida.

Origen de la herida emocional del rechazo

Rechazar significa resistir, despreciar o denegar, lo que podemos traducir en «no querer» a algo o alguien. Esta herida nace del rechazo de los padres hacia su hijo o en ocasiones, del sentirse rechazado por los progenitores, sin haber intención por parte de estos.

Ante las primeras vivencias de rechazo se comenzará a crear una máscara para protegerse de este sentimiento tan desgarrador que va ligado a la infravaloración de uno mismo y que se caracteriza por una personalidad huidiza según las investigaciones llevadas a cabo por Lise Bourbeau. Así la primera reacción de la persona que se siente rechazada será huir, por lo que no es raro que siendo niños se inventen un mundo imaginario.

El rechazo que el niño puede sentir por parte de sus progenitores puede desencadenar consecuencias internas y externas a largo plazo. Gracia, Lila y Musitu (2005) destacan entre los comportamientos internalizados: pasividad, apatía, retraimiento social, sentimientos depresivos, conductas autodestructivas, alteraciones nerviosas y problemas somáticos. Entre los comportamientos externalizados encontramos impulsividad, hiperactividad, desobediencia, conducta destructiva, falta de autocontrol y comportamiento violento.

En los casos de sobreprotección, más allá de la faceta superficial enmascarada de amor, el niño se percibirá como rechazado pues no es aceptado como es. El mensaje que le llega es que sus capacidades no son válidas y por eso tienen que protegerlo.

Cómo es la persona que tiene la herida del rechazo

A partir de las heridas emocionales sufridas en la infancia se conforma una parte de nuestra personalidad. Por ello, la persona que padece la herida del rechazo se caracteriza por infravalorarse y buscar la perfección a toda costa. Esta situación la llevará a una búsqueda constante del reconocimiento de los otros que le costará saciar.
Según Lisa Bourbeau, será con el progenitor del mismo sexo con el que más presente se hará esta herida y ante el que la búsqueda de amor y reconocimiento será más intensa, siendo muy sensible a cualquier comentario que proceda

Las palabras «nada», «inexistente» o «desaparecer» formarán parte su vocabulario habitual, confirmando la creencia y sensación del rechazo que tiene tan impregnada. De este modo, es normal que prefiera la soledad porque si recibe mucha atención habrá más posibilidades de ser despreciada. Si tiene que compartir experiencias con más gente, intentará pasar de puntillas, bajo el caparazón que se construye, apenas sin hablar y si lo hace, tan solo será para infundirse valor a si mis.ma




Además, vive en una ambivalencia constante porque cuando es elegida no se lo cree y se rechaza a sí misma e incluso llega a sabotear la situación y cuando no lo es, se siente rechazada por los demás. Con el paso del tiempo, la persona que padece la herida del rechazo y no la sana, puede volverse rencorosa y llegar al odio, fruto del intenso sufrimiento vivido.
A mayor profundidad de la herida del rechazo, mayor probabilidad hay de ser rechazada o rechazar a los demás.

Sanar la herida emocional de rechazo


El origen de cualquier herida emocional proviene de la incapacidad de perdonar aquello que nos hacemos o nos hacen los demás.

Cuanto más profunda sea la herida del rechazo, mayor será el rechazo hacia si mismo o hacia los demás, el cual puede ocultarse tras la vergüenza. Además, habrá mayor tendencia a la huida, pero esta tan solo es una máscara para protegerse del sufrimiento generado por esta herida.

La herida del rechazo se sana prestando especial atención a la autoestima, comenzando a valorarse y reconocerse por si mismo sin necesitar la aprobación de los demás. Para ello:

Un paso fundamental es aceptar la herida como parte de uno mismo para poder liberar todos los sentimientos atrapados. Si negamos la presencia de nuestro sufrimiento no podremos trabajar para sanarlo.
Una vez aceptada, el siguiente paso sería perdonar para liberarse del pasado. En primer lugar a nosotros mismos por el trato que nos damos y en segundo lugar a los demás, porque las personas que nos han herido probablemente también padezcan algún profundo dolor o una experiencia hiriente.
Comenzar a cuidarse con amor y priorizarse. Prestarnos atención y darnos el amor y el valor que merecemos es una necesidad emocional imprescindible para seguir creciendo.




No podemos llenar el infinito
Algunas perspectivas aseguran que nuestra auténtica naturaleza es infinita y haciendo un paralelismo con esta creencia observaremos que hasta que no sanemos la herida, nada nos hará felices. El rechazo se convertirá en un agujero negro que poco a poco irá engullendo y destruyendo todo aquello externo que nos haga felices. Cuando nos hagan un cumplido lo rechazaremos, e incluso, nos podrá sentar mal. Cuando alguien quiera pasar tiempo con nosotros pensaremos que lo hacen porque no tienen otra cosa mejor que hacer.

El sentimiento de rechazo equivaldría al infinito, y todo lo que sea externo sólo lo llenará temporalmente, por eso, lo más importante es comenzar desde dentro. Se trata de un trabajo interior que debemos empezar cuanto antes, porque al fin y al cabo, esta sensación de rechazo no es más que nuestra forma de ver la vida. Y si comenzamos a cambiar nuestro enfoque y nuestra visión de la realidad, comenzamos a experimentar una vida completamente diferente.

Aunque no podemos borrar el sufrimiento vivido en el pasado, siempre podemos aliviar nuestras heridas y ayudar a que cicatricen para que su dolor desaparezca o al menos se alivie. Porque de acuerdo con lo que dijo Nelson Mandela de alguna manera somos capitanes de nuestra alma.